En el verano más movido de los últimos años una noticia capturó buena parte de las portadas de la prensa Occidental: el ébola. Una enfermedad con reminiscencias míticas que nunca había supuesto una amenaza para la población en general de las zonas donde aparecían brotes, pero que diversos brotes llevaban meses activos, cuando normalmente esta enfermedad sus brotes eran muy acotados en el tiempo, y en consecuencia su extensión territorial se agrandaba día a día. La OMS aquí se durmió porque nunca ha considerado el ébola una enfermedad peligrosa, y ante el cambio de comportamiento reaccionó tarde. 

La medicina actual es muy potente. La demostración está en que incluso en zonas como África con desnutrición y una infraestructura sanitaria precaria en comparación a los países desarrollados, su población no cesa de crecer. Pero la medicina y en especial la epidemiología se centran mucho en como curar la enfermedad y como se contagia ésta a nivel de la persona, pero no modelizan como esta enfermedad funciona de forma colectiva. Por ejemplo el ébola es altamente contagioso, pero su profilaxis es simple y efectiva, así un infectado de ébola debidamente tratado difícilmente contagiará a sus cuidadores, e incluso puedes hablar tranquilamente con un enfermo de ébola sin ninguna protección siendo prácticamente imposible que te contagie a escasos dos metros. Así no es de extrañar que todos los epidemiólogos salgan a tranquilizar la población, su contagio a tenor de esto es improbable.

Pero si el contagio es improbable ¿Cómo puede ser tan contagiosa? La respuesta clásica es que en África las personas se tocan, incluso estando enfermas. Este argumento ahora falla, hace dos meses que en las zonas afectadas apedrean desconocidos si se acercan y en cambio continúa creciendo. Como hemos visto el ébola ha matado incluso médicos expertos en esta enfermedad, lo cual nos indica que su profilaxis sencilla también falla ¿En qué falla? No es el procedimiento, simplemente la gente comete errores, y dos personas cometen el doble de errores que una por mucho que los técnicos de calidad digan lo contario. El cansancio, tener que poner y sacar diversas veces la protección… acaban dejando zonas contaminadas donde se suponía que no lo estaba. No es lo mismo tratar como en el Hospital Carlos III una persona localizada y controlada, que tener un hospital lleno de enfermos asustados (no olvidemos que siendo aún leve, este brote mata a más del 50% de los infectados), la complegidad siempre es la suma de muchas cosas simples

Buena parte del problema se debe a que no se generan correctamente los escenarios. Seguramente tienen una correcta estadística de la probabilidad de infección de cualquier enfermedad incluso ratios de propagación por densidad de población y porcentaje de infectados, pero siempre acaban sorprendiéndolos incluso en la sociedad desarrollada. Periódicamente salen brotes de legionella en nuestras ciudades. La profilaxis es simple, y al final se llega a un culpable de negligencia. Pero si lo pensamos fríamente esa negligencia no había sido detectada por las inspecciones con anterioridad; lo cual significa que o la inspección fue incorrecta o haciendo las cosas bien algo puede torcerlas. Normalmente los brotes aparecen cuando las condiciones meteorológicas están fuera de los parámetros normales; la última (en Sabadell y Ripollet) viene de un verano fresco y húmedo que de sopetón paso a ser caluroso y muy húmedo, algo que normalmente no sucede. De momento cuesta encontrar la torre contaminada, y en Ripollet donde ha habido el brote más duro han parado las fuentes ornamentales.  

Apelar a la responsabilidad o pensar que todo va a salir bien es bastante naif. Todos tenemos un momento tonto incluso cuando no podemos fallar, por pequeña que sea una probabilidad de error esta se acaba se agranda cuando repites muchas veces la operación; por otra parte es imposible prever todos los escenarios. El no poder atajar una enfermedad contagiosa dice de nuestra vulnerabilidad por un lado y que siempre se han de prever que hacer si todo falla, algo que invariantemente acaba pasando; porque conocer el funcionamiento de la enfermedad ayuda, pero ayuda más ponerla en los diferentes contextos que podamos imaginar. 

El ébola se ha extendido seguramente porque ya no es tan violento, ayudado a que ha coincidido con una zona con más población y movilidad, y la proliferación de la venta de carne ahumada de murciélago y mono; la cual ha diezmado las poblaciones de estos animales haciendo más probable la caza de animales infectados. Los epidemiólogos barajaban una enfermedad fulminante que atacaba a pequeñas comunidades incomunicadas en la selva; pero la caza masiva la sacó de ella, sorprendiendo porque nunca contaron que este mecanismo independiente de la enfermedad, se tuviera que incluir en sus cálculos. #Ébola #Epidemia

Nuestra sociedad moderna tiene muchos y nuevos mecanismos que en principio no asociamos a ninguna enfermedad. Hoy las enfermedades comunes las conocemos tratamos y prevenimos pero aún nos regalan con sorpresas y descontrol. Son compresibles los llamamientos a la calma de las autoridades sanitarias, pero una cosa es tranquilizar la población y otra muy diferente es que ellos también estén tranquilos.