En pleno gobierno tripartito de la Generalitat, los Concellers de Mediambient y Governació ambos de ascripción Escosocialista (ICV-EUA) decidieron implementar una medida de reducción de la contaminación del aire en Barcelona, ya usada en otras ciudades, que consistía en limitar la velocidad del vehículo a 80 Km/h en tota la conurbación de Barcelona y zonas adyacentes. Esta medida fue duramente contestada por los usuarios de coches y motocicletas (los camiones no pueden ir a más) y sus asociaciones; algo que aprovecho la oposición, la cual al llegar de nuevo al poder fue lo primero que desmantelo.

La medida de los 80 Km/h (vista por muchos conductores casi como la ley seca americana) era una de las primeras medidas usadas en ciudades europeas para bajar la contaminación; aunque cuando se empezó a usar en Barcelona ya se había derogado por inútil en la mayoría de estas. De hecho la medida sólo dio resultados cuando empezó la crisis, porqué el volumen de vehículos había bajado, y tampoco muy significativos. Aunque la medida no arreglaba el problema, no hacer nada tampoco solucionaba el problema.

Aprovechando la Semana de Movilidad, el Govern ha anunciado un conjunto de medidas antes de que vuelva un nuevo anticiclón, y así evitar recibir otra reprimenda por parte de la UE. En el conjunto de medidas está subir el precio de los peajes de las autopistas y también de los parkings en los días en que el riesgo de contaminación o simplemente una subida de ésta. Otra medida será bonificar el transporte público en estos días, tanto el que accede a Barcelona como el metropolitano estricto.

No discutiendo la utilidad o no de las medidas, una cosa es segura: son inaplicables. Puede parecer fácil subir y bajar precios tanto en autopistas como en transporte público, pero a la hora de la verdad es muy complicado. Aunque para ir a Barcelona se necesita pasar por carreteras de peaje, hay tres autovías colapsadas y varias carreteras secundarias, colapsadas y contaminado a todo trapo, que son gratuitas por donde la gente que no tiene hora de llegada puede escabullirse del peaje. Por otro lado quien baja a Barcelona en coche tiene parking de abono (sino todo su sueldo se iría en parquímetros), lo cual será muy difícil que se les implemente una prorrata por los días de contaminación, y aunque fuera así nadie les abonará tampoco los días que no aparquen. Y en referencia al transporte público sólo los turistas (y la mayoría tampoco) compran el indecente billete individual; así la pregunta es ¿cómo va a abonar a los viajeros el descuento de los viajes en tarifa reducida?

Realmente lo que se necesitan son medidas más estructurales, y de aplicación continuada. Bajar la velocidad a los vehículos es estúpido aunque 80 Km/h sea cuando el motor tiene un rendimiento óptimo, entre otras cosas porque los picos de contaminación se producen en los atascos que los coches van a menos de 10 Km/h. La actual distribución en ciudades dormitorio, polígonos industriales y movilidad a ultranza, lleva a un abuso del transporte privado al no poder hacer transporte masivo de viajeros. Por otra parte los transportes públicos están fatalmente optimizados porque la mayoría de sus gestores no los usan, y se convierten en disuasorios para la mayoría de personas que podrían usarlos. #Trasporte publico

Alguien habría de replantearse toda la política de transporte de personas y mercancías. Pero aquí topamos con muchos intereses que prefieren que la cosa se quede como está (fabricantes de vehículos, concesionarias de autopistas, gasolineras…). Por esta razón nuestros gobernantes prefieren seguir llenando de humo y partículas los pulmones de sus votantes, porque hasta no hace mucho el humo era señal de progreso.