Todo individuo tiene derecho a meter en sus pulmones lo que le venga en gana. Siempre que no vulnere la libertad y el derecho de los que le rodean a respirar aire puro (o tan puro como permita la calidad atmosférica y la salubridad del ambiente). La legislación ha dado evidentemente un paso adelante (esperemos que no haga la moviola) al prohibir fumar en locales públicos. Los no fumadores lo agradecen, los fumadores lo sobrellevan bastante bien: Los profesionales de la hostelería y los hijos de todos lo agradecen, y Sanidad también.

No obstante, los vericuetos creados por los astutos lobbies del tabaco y de las empresas químicas para vender el mismo (o peor) lobo con distinta piel, consiguen que haya que forzar otra nueva vuelta de tuerca a la legislación del tabaco y a la prevención del tabaquismo.

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Desde que apareció el cigarrillo electrónico, y sus unidades y recargas se venden como rosquillas, hay muchas personas que ignoran (o hacen como que desconocen) que detrás de lo que se oferta como un sustituto inofensivo del tabaco, se esconde una táctica comercial maquiavélica para vender…más nicotina, junto a un rico catálogo de productos nocivos para la salud.

Cabe destacar, en la composición del vapor que expelen los "vapeadores" (cigarrillos electrónicos), el formaldehido: carcinógeno eficiente en nariz y faringe, su disolución al 40% en agua se conoce como formol, compuesto que se usa para conservar los tejidos de, por ejemplo, muestras de animales muertos y de cadáveres humanos, para evitar su descomposición; también el formaldehido se usa para preservar tejidos muertos; el formol es altamente tóxico por contacto e inhalación; el acetaldehído (residuo de la metabolización del alcohol por el hígado, mucho más tóxico que el etanol y por lo demás un carcinógeno en potencia; una lectura posible: las toxinas que nuestro cuerpo trabaja duro por eliminar, la industria del "vapeo" y del tabaco trabajan más duro todavía para volver a metérnoslas dentro; la acroleína, emitida por los gases de escape de los vehículos a motor y que se usa también como plaguicida y alguicida; y por último varios metales pesados.

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Por su parte, solo ya la nicotina líquida con la que se recargan los "vapeadores" es, según Jesús Agudo (Servicio de Información Toxicológica), 3-4 veces más tóxica que el arsénico y el cianuro, pero más fácil de obtener por el consumidor.

Rodrigo Córdoba, del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, advierte de que la nicotina líquida es un compuesto de alta toxicidad (la dosis letal es de 0,5-1 miligramo por kilogramo de peso corporal). Para Córdoba, "los envases (de los cigarrillos electrónicos) deberían llevar el símbolo de la calavera para advertir de su peligrosidad". Sin embargo, aún no se alerta de la peligrosidad extrema de las recargas de los cartuchos, pues no está regulada, y un bajo porcentaje de aparatos (alrededor de un 10%) tienen receptáculos desechables.

Ya se han producido este mismo año varias decenas de incidencias sanitarias por intoxicación por el uso de los envases o cartuchos, la manipulación, la inhalación o incluso la ingesta (es muy fácil tragarse directamente la nicotina líquida en lugar de en forma de gas de un cargador demasiado lleno) de estos productos; en ocasiones, personas desinformadas fuman en lugares públicos cerrados, como cafeterías y transportes públicos, afectando a los que comparten el espacio, que en tampoco están al día de su toxicidad.

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Un artículo del International Journal of Drug Policy (K. E. Farsalinos y G. E. Stimson) aclara este mismo año, cuando ya al cigarrillo electrónico lo han presentado falsa y oportunistamente como "medicinal", que se trata sólo de una forma de reemplazar el cigarrillo convencional, en el sentido de que no es en absoluto un producto para dejar de fumar. No se trata de un cambio a mejor, como piensan tanto muchos no fumadores que empiezan a "vapear", como los que se decantan por el dispositivo electrónico después de años queriendo (sin éxito) dejar el pernicioso hábito. Se le ha supuesto de manera infundada al cigarrillo electrónico que su principal razón de ser es la reducción del daño al organismo humano. Sin embargo, se trata de un sistema diseñado para mantener la dependencia, la adicción a la nicotina. Se ha engañado a mucha gente con campañas de marketing espurio dirigidas a vender sin importar los efectos en la salud, que van desde alteraciones del ritmo cardiaco y respiratorio, náuseas, mareos y vómitos.

Eso a corto plazo. La "suite" de afecciones a largo y medio plazo todavía no ha habido tiempo para investigarlas, pero disponemos de conocimiento de lo que hacen dosis parecidas de nicotina, aldehídos corrosivos y metales pesados tóxicos sobre las vías respiratorias y pulmones, la piel, la dentadura, o las facultades cognitivas. En otros estudios se ha encontrado que la dosis no solo de nicotina, sino de partículas de aerosol inhaladas con el humo de los "vapeadores" tiene parecida magnitud y similares efectos en el aparato respiratorio que los cigarrillos convencionales, con el riesgo adicional de la ingesta o inhalación de nicotina líquida.

Desde la perspectiva de la legislación europea un producto es medicinal si se administra a personas con fines de curación o de restauración de la salud, con el cometido de variar beneficiosamente determinadas variables fisiológicas. Si se presenta además a la venta por una marca comercial o una distribuidora como un tal producto con propiedades de curación o prevención, sería considerado como un medicamento. En suma, el cigarrillo electrónico facilita a la persona seguir consumiendo nicotina, pero no hay ni una evidencia científica que los haga pasar por medicina.

En los Archivos de Bronconeumología de agosto de este mismo año, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha publicado su "Declaración oficial de la eficacia, seguridad y regulación de los cigarrillos electrónicos" (Jiménez-Ruiz, C.A., y colaboradores. 2014). Dicen que debería ser regulado (lo cual contemplaría incluso la prohibición) en cuanto que producto medicinal. Los productos "medicinales" no deberían causar daños, ¿o sí? Esperemos que no haga falta en el futuro una terapia para dejar de "vapear". #Cáncer #Drogas