En 1997 Richard Lee Norris, después de que una bala le impactara en la cara, vio su vida truncarse. Aquel fatídico disparo destrozó su rostro dejándole completamente desfigurado. No podía soportar su reflejo en los espejos y la familia, decidió cubrirlos todos. Tapaba su cara con una máscara y poco a poco, se fue encerrando más y más en si mismo. Veintidós operaciones y quince años de espera consiguieron el milagro.

En 2012, y pese a que las opciones de salir con vida de la operación eran sólo de un 50%, Lee Norris se sometió a un trasplante de cara a manos del doctor Eduardo Rodríguez, cirujano fisonómico. Tras una operación que duró treinta y seis horas, Richard pudo comprobar, tras diecisiete largos años de espera, su nuevo rostro de nuevo reflejado en un espejo.

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Los comentarios que tuvo que soportar durante su periodo de deformidad facial fueron francamente muy duros. ¡Nadie acepta al diferente! Es peor pues este, suele ser con frecuencia, motivo de burlas y risas sin tener en cuenta el dolor que puede estar sufriendo esa persona. A Lee Norris se le pasó por la cabeza incluso el suicidio pues diez años de sufrimiento son muchos años.

Ahora, con su libro titulado "Las dos caras de Richard" y con la aparición de su nuevo rostro en portada de la revista de moda GQ, espera poder ayudar con su vivencia personal a personas que se encuentren en la misma encrucijada de la que él logró sobreponerse.

Su vida ha vuelto a cambiar de nuevo. Estudia desde casa y desea alcanzar una licenciatura en Sistema Informáticos. Su nuevo periodo de vida, le hace hasta contemplar el deseo de fundar una fundación que auxilie a sufragar los gastos diarios de otros pacientes con su mismo tipo de trasplante y la medicación que hay que conseguir para poder seguir adelante tras las operaciones.

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Si lugar a dudas, y pese a que la vida de Richard Lee Norris no ha sido, ni mucho menos, un camino de rosas, su nueva etapa vital es digna de admirar por su superación, por sus ganas de ayudar a los demás a superar lo que él sufrió en primera persona, sin olvidar jamás el milagro médico que consiguió el cirujano Eduardo Rodríguez y su equipo médico.

Nadie está exento de sufrir un revés que le deje el rostro desfigurado. A veces una mala caída, puede hacer que nuestra cara quede destrozada de forma "anormal". Por eso, y pese a que evitar el maltrato tanto verbal como visual de las personas que nos rodean es lamentablemente imposible, nunca está de más recordar que nadie esta exento de un revés vital. ¿Tendremos nosotros el valor que tuvo Richard de no tirar la toalla tomando el camino fácil? Espero de corazón que no tengamos que llegar a comprobarlo en nuestras propias carnes. Por muy valientes que nos sintamos, francamente no es fácil soportar el rechazo de los demás y lo que es mucho peor, nuestro propio rechazo a nosotros mismos. ¡La vida no es fácil! No la compliquemos más de lo necesario.