Las nuevas tecnologías han conquistado las casas de prácticamente todo el mundo desarrollado, hasta el punto de existir gente que no entiende la vida sin tener a su lado su smartphone o su tablet. Los móviles modernos no son simples instrumentos dedicados a una función o funciones determinadas, sino que se han convertido en un estilo de vida, que llega incluso a reflejar la forma de ser o el estilo de vida de su dueño en función de la marca o del diseño del smartphone.

Obviamente, las ventajas que nos proporcionan aparatos como estos son innegables. Los móviles de última generación llenan nuestra vida de una increíble comodidad teniendo un mundo de posibilidades en la palma de la mano.

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Las nuevas tecnologías han evolucionado en las últimas décadas de una forma increíble y nadie sabe qué nos espera dentro de unos años. Prácticamente nada es lo que tienen en común los primeros teléfonos móviles que se sacaron al mercado con los móviles de última generación que se venden en la actualidad, móviles que te permiten hacer cualquier cosa que se te pase por la cabeza y que prácticamente todo el mundo tiene en su casa.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Los smartphones se han convertido en un constante compañero de viaje que no se despega de nosotros jamás a no ser que mostremos una gran fuerza de voluntad. No despegar la vista de la pantalla mientras andamos por la calle, comunicarnos con otros por internet en mitad de una cena con amigos o cualquier reunión, mirar la hora cada dos minutos para presumir de móvil y cosas como esas son las que demuestran de que, quizás, no seamos nosotros los dueños del móvil sino que es posible que sean ellos los que nos dominan a nosotros en todo momento. El día que no tenemos móvil, no sabemos que hacer, como comunicarnos, como trabajar o como entretenernos.

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Además, otro de los peligros de estas nuevas tecnologías se basa en juzgar la personalidad o el estilo de vida que puede tener un desconocido según la marca de su móvil o el modelo o estilo del mismo.

Todas estas ventajas y todos estos inconvenientes no son nada más que las consecuencias de un progreso imparable que es en términos generales beneficioso para todos pero que necesita de una gran inteligencia por nuestra parte. Nunca debemos olvidar lo que somos y son nuestra personalidad y nuestra fuerza de voluntad las que harán que este progreso no acabe por dominar nuestras vidas.