Este verano muchos hemos asistido a la retransmisión en directo de las vacaciones de nuestras amistades en tiempo real. Nosotros mismos hemos colgado en la infinidad de #Redes Sociales y aplicaciones de la nube que veían nuestros ojos, que hacían nuestros familiares e incluso la cara que hacíamos delante de un Gin-tonic a las tantas de la madrugada. Nuestra vida privada la hemos hecho extensiva a nuestros círculos de amistades (y a cualquier firma comercial en busca de nuevos clientes). Hoy podemos bajar en rafting y hacer un Selfie y mostrar-lo a nuestros amigos mientras aún estamos sorteando los rápidos.

Pero esta semana si el rio es el Noguera Pallaresa muy posiblemente no se haya podido hacer. Resulta que #Movistar hace diez días que no da cobertura de móvil en el municipio de Guingueta d'Aneu; desde la última tempestad las antenas del municipio y algunas de circundantes no funcionan, y no tiene la compañía ni idea de cuándo va a poder arreglar la avería. Un caso parecido podemos encontrarlo en Castellar de N'Hug (rio Llobregat) donde hace ocho días desapareció la cobertura y aún no ha vuelto sin que Movistar sepa aclarar ni porque están sin cobertura. Obviamente los municipios están que trinan porque no sólo se ha de contar la consecuente molestia que ocasiona a los veraneantes el perder contacto con sus círculos sociales; sino el perjuicio económico que representa no disponer de ninguna comunicación en hoteles de montaña y casas rurales (no van tarjeteros o cajeros automáticos).

En menos de 15 años nuestro mundo ha cambiado gracias a la tecnología de comunicaciones. Por ejemplo en África lugares sin suministro eléctrico tienen cobertura móvil. Las cadenas de televisión son sustituidas por portales de televisión, cine o música a la carta que ofrece internet; estamos conectados constantemente con familiares y amigos; e incluso sabemos dónde estamos en todo momento gracias al GPRS. Pero cuanta más potencia tiene esta tecnología más frágil parece ser. Tener cada mañana el periódico en una Tablet o el teléfono aunque estés en lo alto de una cima, implica un despliegue tecnológico y de medios muy difícil de mantener, más si las compañías siempre tienen a un nuevo ejecutivo que se cuelga una medalla abaratando lo no abaratable. Por otro lado la presión de mercado y la necesidad de vender obligan a que los aparatos por una parte sean frágiles para que duren poco, y por otra una ficticia innovación (la mayoría de las pretendidas innovaciones no aportan nada nuevo excepto la incompatibilidad con lo que ya había) que obliga a clientes y compañías suministradoras un cambio constante de tecnología; este cambio hace que estas redes sean muy heterogéneas, con zonas de difícil acoplamiento, donde un leve cambio de software o hardware produzca una avería imposible de reparar.

Aunque también hemos de añadir el factor "Compañía Española". Lo que he explicado en el párrafo anterior es aplicable a cualquier parte del mundo, pero aquí hay una singularidad; ésta es la total falta de responsabilidad de las compañías con sus clientes. Todos los abonados que se han quedado sin teléfono días y días, no recibirán ninguna compensación por parte de la compañía por el dinero perdido (y mala imagen) que les ha ocasionado este corte. Y aunque las poblaciones piensan denunciar a Movistar, todos sabemos que no servirá de nada. Así que muy posiblemente alguna de estas averías sólo sea un diferencial caído, pero como estamos en verano, la empresa subcontratada sólo tiene un equipo para atender averías, y atenderán antes una zona con más abonados (y por tanto un corte allí les ocasiona más perjuicio económico a Movistar) que subir a un pueblo alejado con muchas antenas y pocos abonados, por muy turístico que sea (siempre que allí no veranee algún personaje ilustre claro). #Telefonía móvil

En definitiva estamos montando un nuevo mundo sobre una red excesivamente frágil. Hoy sociólogos, pedagogos y filósofos teorizan sobre beneficios, riesgos y consecuencias sobre la sociedad que puede ocasionar este nuevo mundo. Pero todos olvidan que este mundo es tan frágil que cerrando un simple interruptor se desvanece.