Muchas son las personas que ante la cantidad de problemas que se suceden, no sólo en su país sino en el resto del mundo, deciden no abrir su mente a las noticias: "Demasiadas desgracias" suelen decir. ¡No se equivocan! Incluso a mí hay días que me da una tremenda pereza hacerme eco de lo que sucede en el mundo, a nuestro alrededor, justo a nuestro lado. Me digo a mí misma que tanta información y tan desesperanzadora no vale la pena. Me digo que la vida es corta, que no merece la pena preocuparse por nada pues las cosas son, han sido y serán siempre así. Pero una vez pasado el desánimo que siempre existe a nuestro alrededor, intento encontrar algo por lo que valga la pena coger una noticia y escudriñarla hasta las últimas gotas sabiendo que esa esperanza que trasmite ayudará a más de uno mañana, a seguir leyendo y a no dejarse abatir por el desanimo.

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Esa noticia en el día de hoy ha sido la siguiente: "Unos padres recurren al crowdfundingpara pagar una deuda de su hija fallecida".

¿Qué es el crowdfunding? No deja de ser una ayuda económica en masa o por ayuda popular a través de un sistema on-line en páginas que se utilizan para la financiación de un proyecto o negocio. Se trata de una cooperación colectiva de personas que a través de la red, en ayuda de nuevas "empresas" como creaciones de nuevos discos, ediciones de libros, etc.

La hija de los señores Mason, Lisa, deseaba ser enfermera y se embarcó en varios préstamos de estudios para conseguirlo. Tenía veintisiete años cuando falleció y dejando tres hijos menores de edad huérfanos. Su padre, de profesión pastor de iglesia, tenía a tres bocas más que alimentar y con su sueldo no llegaba a poder pagar los créditos de estudios que su hija había dejado tras su muerte prematura.

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Tanto él como su esposa, hicieron todos lo posible para tirar adelante con el dolor de la perdida de un hijo y tres nietos pequeños a su cargo.

Cuando ya no vieron ninguna salida tras hablar con las entidades financieras que por demora había duplicado la deuda que había contraído Lisa, Steve y Darnelle, los padres de la joven, a través de una web de crowdfunding intentaron conseguir el financiamiento para poder hacer frente a los pagos. La repercusión por el drama vivido por la familia, como su historia, llegó tan lejos que a las dos semanas ya habían reunido más de veintiocho mil dólares. Es más, dos de las empresas a las que adeudaban dinero por los créditos estudiantiles, les rebajaron la deuda, perdonándoles parte de esta, por la ayuda y la transmisión que llegó a tener su caso a través de la red.

La familia Mason declaró tras ver tanta ayuda recibida: "Por primera vez desde la muerte de nuestra hija tenemos un poco de esperanza". Y es que de eso se trata, de encontrar personas que verdaderamente necesitan ese apoyo, esa ayuda que sólo personas con corazón y cabeza pueden proporcionarles.

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Está claro que ninguno de los que ayudó a esta familia pertenece a las múltiples familias españolas que forman parte de la gente "pudiente" y ladrona española, es decir, políticos, duques, alcaldes, ex presidentes e hijos, etc. Porque una cosa está clara: en cuestión de humanidad y buen hacer sólo aquel que vive con lo necesario y no codicia engendrar más por el hecho de la avaricia pura y dura, es capaz de ver la angustia sincera en los ojos del que verdaderamente necesita ser ayudado.



El caso de Steve y Darnelle Mason no es aislado. En Estados Unidos hay varias familias que después de la muerte de un familiar tienen que hacerse cargo de sus préstamos de crédito y no pueden hacer frente a esas deudas. No todos tiene la misma suerte que los padres de Lisa y estaría bien que desde la entidades estadounidenses se hicieran cargo de la situación tan amarga que vive una familia tras el fallecimiento de un ser querido. No se trata de hacer caso omiso o esperar a que el problema trascienda a las redes sociales para poder mover ficha. Se trata de actuar desde que se conoce el problema sin tener que hacer pasar, ni a unos ni a otros, por una inquietud doblemente añadida al verse imposibilitados económicamente a pagar unas deudas "heredadas".

No hay que esperar ver que alguien se está hundiendo para lanzarle un flotador. Con que diga que no sabe nadar, ya habría que socorrerlo y no esperar a ver si el socorrista es capaz de reanimarlo en el tiempo de descuento. A veces, por esa actitud de dejadez, podemos no llegar a tiempo de salvar a alguien que pide auxilio.