Si cualquiera de nosotros viera la primera videoconsola de la historia, una Magnavox Odyssey, no la reconocería como tal. Su aspecto de electrónica retro la hace más parecida a algún aparato de un taller o a una radio antigua. Y no es de extrañar, ya que es un aparato concebido en los años 50 del siglo XX, cuyos primeros prototipos se crearon en los 60 y que no se empezó a comercializar hasta 1972. Pero vayamos por partes.

El inventor de este aparato fue Ralph Baer, un ingeniero alemán de ascendencia judía que en 1938 llegó a Estados Unidos huyendo de la Alemania nazi. En la década de los 50 concibe la idea de incorporar en los televisores juegos interactivos.

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Esta idea fue rechazada por la empresa en la que trabajaba en aquellos años.

Momentáneamente abandonó Baer su idea. Sin embargo, esta fue retomada en septiembre de 1966. Baer se encontraba esperando un autobús, cuando de repente le volvió a la mente su vieja idea, esta vez con algunas variaciones: en lugar de instalar los juegos al televisor, crearía un dispositivo que se enchufara al televisor y que tuviera los #Videojuegos instalados. Toma algunas notas y hace unos cuantos bocetos.

En el mes de octubre de 1966 Baer crea, de forma totalmente casera, el primer prototipo de videoconsola de la historia: "Brown Box". Se trataba de una caja de madera cuyo interior era muy similar al interior de una televisión o de una radio, con ciertas salvedades. Y con ella vendría el primer videojuego de la historia: Chase Game.

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Debían jugar dos personas, cada una de las cuales manejaba uno de los dos puntos que aparecían en la pantalla. Uno de estos representaba a un gato y el otro a un ratón. El "gato" tenía que atrapar al "ratón", y este tenía que huir del primero.

Poco después de la videoconsola y el videojuego, aparece el primer periférico: el rifle, cuyo primer prototipo era un rifle de juguete normal reconvertido en rifle para disparar en la pantalla. Con él apareció también el primer videojuego de disparos. En 1967, aparece el primer elemento de los videojuegos que no es controlado por los jugadores, sino por la videoconsola: un tercer punto, aparte de los dos controlados por los jugadores. Llegan con él los primeros simuladores deportivos: el ping-pong y el hockey. Las pantallas de los videojuegos nada se parecían a las de los juegos a los que estamos acostumbrados. En efecto, estas eran fondos de color uniforme. Por ejemplo, el ping-pong tenía un fondo blanco y el hockey lo tenía azul.

A partir de este momento, Baer va a intentar vender la licencia de su patente en varias empresas.

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Todas la rechazaron salvo una: Magnavox, una empresa que se dedicaba a la fabricación de televisores.

En 1971 el primer prototipo de videoconsola comercializable ya estaba listo. Los cambios con respecto al prototipo de Baer, la Brown Box, no fueron demasiados, aunque sí decisivos. Los videojuegos, que inicialmente estaban grabados en la videoconsola, se sustituyeron por tarjetas programadas intercambiables, lo que permitía añadir nuevos títulos en el futuro. Nacían así los primeros cartuchos de videojuegos de la historia. En cuanto a los fondos de color, estos fueron eliminados. En la pantalla solo se veían los puntos. Para hacer de fondo, se utilizaban unas cartulinas de plástico que se colocaban en la pantalla del televisor. Además, la videoconsola no podía recoger la puntuación de los jugadores en la pantalla, por ello debían utilizar un papel para apuntarla.

La Magnavox Odyssey salió a la venta en 1972. Su precio era de 100 $. La respuesta inicial del público fue desesperanzadora: se vendieron muy pocas unidades. La causa fue una campaña de publicidad que no dejó claro al público que para jugar a la videoconsola, aunque estaba fabricada por Magnavox, no era necesario tener un televisor de esta marca, prejuicio que se había instalado en la mente del público. No obstante, la compañía realizó una importante inversión en publicidad para solucionar este problema, lo que supuso un éxito de ventas.