La historia de Pedro. Fue con alegría que aquel día José David Ramírez condujo a su esposa Elizabeth hasta la clínica Santa Ana, en San Bernardino. El gran evento, ansiosamente esperado, llegaba. Elizabeth daría a luz un varón, el nombre elegido por los ilusionados padres fue el de Pedro.

El alborozo natural que causa todo alumbramiento no duró mucho. La primera visita pediátrica realizada al poco rato, diagnostica un problema congénito en el esófago de la criatura. A las cuatro horas de haber llegado al mundo, el pequeño Pedro es operado en el Hospital de Niños, la pericia de los cirujanos logra vencer la dificultad de una intervención ardua, se puede afirmar que el niño nació dos veces en un mismo día.

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El religioso acepta la extraordinaria participación del Ser Supremo en las circunstancias desfavorables y realmente los designios divinos son imponderables. Cualquier persona sometida durante mucho tiempo a la adversidad termina actuando influida en el plano místico de diferentes maneras. En algunas personas aflora el resentimiento, como producto de la decepción al estar permanentemente asediado por la desventura, esto produce un rechazo natural hacia cualquier autoridad, inclusive la celestial. Este sentimiento, aunque malsano, es difícil de evitar por la fragilidad humana que se niega a entender y aceptar el infortunio, la interrogante que uno mismo se plantea suele ser: "¿por qué a mí?" Por otra parte, una persona equilibrada y racional, puede encontrar aun en las pírricas y parciales victorias sobre la fatalidad, una participación mística, insondable y profundamente espiritual.

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Este último es el caso de Pedro Ramírez, desde el primer vagido anunciando su llegada, encontró de alguna manera el secreto del triunfo máximo, como lo es el vivir dignamente. Al cumplir un año y medio el pequeño logra emitir sus primeras palabras, retando a las más optimistas opiniones médicas que planteaban, en el mejor de los casos, varios años de terapia para alcanzar modular sonidos. Así inicia su camino hacia la normalidad, pero no todo fue fácil.

Una recaída obligó tomar una decisión heroica y los galenos deciden intentar una operación para la reconstrucción de la subglotis. La cirugía es exitosa y una vez más permite el retorno a la existencia.

Al cumplir nueve años de edad, una vez más fue necesaria la hospitalización del niño, esta vez por pulmonía, situación afortunadamente también superada. Su tránsito escolar transcurre con normalidad en el terreno académico, no así en la interrelación con sus condiscípulos.

La crueldad intrínseca, innata en los niños, los impulsa de manera inconsciente al rechazo y a la burla hacia todo lo que perciben como anormal, y es así como los grupos gregarios, que se forman de manera natural y que llamamos “pandillas”, suelen rechazar a los que consideran inferiores por encontrarles deficiencias o imperfecciones.

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El transitar en estas circunstancias, en un ambiente como el escolar, donde convergen gran número de condiscípulos, no siempre es fácil para quién, como Pedro, tiene lógicas #limitaciones físicas para compartir las francachelas que surgen espontáneas entre congéneres.

A los veintidós años de edad se presenta la necesidad de emprender Pedro un enésimo viaje al quirófano. Esta vez se trata de una operación de corazón abierto.

Esta última batalla le negó a Pedro la posibilidad de la victoria y esta vida finalmente fue truncada en la flor de la juventud. #últimabatalla #constancia