El origen del sol. Un día cualquiera en el mes de febrero del año 2003, Takahashi se despidió de su esposa Kami, llevaba algunos libros que un coleccionista estaba interesado en adquirir. Eran frecuentes estas transacciones extraídas de la abundante biblioteca familiar, con la intención de robustecer en algo la menguada situación financiera de la pareja.

Takahashi y su esposa vivían en la ciudad periférica de Funabashi donde, sin descendencia, compartían una vida de estrecheces económicas, producto de una desordenada vida financiera del padre de Takahashi el cual, al desaparecer súbitamente dejó en situación crítica la economía familiar.

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Sin embargo, el matrimonio afrontó las deudas dejadas por el patriarca y con esfuerzo logró subsanar el buen nombre familiar honrando los compromisos pendientes.

La pareja era profundamente mística, practicantes del Sintoismo, habían crecido en el espíritu conservador de los altos valores espirituales de un pueblo que fundamentaba su existencia en un concepto sacro del honor, erigiendo todo el desenvolvimiento de la vida diaria asentado en la noción de la dignidad.

Takahashi, de vuelta a su hogar se sorprendió frente a una eufórica Kami que, contrariamente a su naturaleza pausada y casi sin poder articular palabras, agitaba un folio con aspecto de comunicación oficial. Restableciendo la calma de su esposa, Takahashi, colocándose los espejuelos se aprestó a la lectura de la comunicación.

Resultó que, luego de una investigación exhaustiva y décadas de un litigio que vio involucrado al padre de Takahashi (pleito que vagamente éste recordaba y que siempre atribuyó a la febril imaginación negociadora del progenitor), el Gobierno de la Capital y el Tribunal de Justicia, fallaron a favor del causahabiente, otorgándole la propiedad de un lote de terreno localizado en el centro de la ciudad capital.

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Por ser el único heredero, el fallo recayó en la persona de Takahashi.

Al día señalado en la comunicación, la pareja se dirigió a la dependencia oficial que informó su caso. Un funcionario muy amable revisó algunos documentos y, con una gran sonrisa, anunció que efectivamente este lote, de gran valor urbanístico, les sería entregado apenas resolver algunos pasos legales. La parte más importante y definitiva se refería al detalle del pago del impuesto que debía ser cancelado antes del traspaso definitivo. Al escuchar el monto, absolutamente impagable, que debía ser cancelado, Takahashi apenas se inmutó, mientras Kami a duras penas pudo contener un sollozo. Ambos supieron en este momento cual sería el epílogo.

Los complejos vericueto de la cultura ancestral japonesa, el país que sublimiza el #honor hasta la inmolación, el país donde la máxima representatividad de la autoestima está retratada en la irreductible vocación de un samurai, el mismo país que estremeció al mundo con el ejemplo de los kamikaze, determinó el único camino que podían recorrer Kami y Takahashi.

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Ambos interpretaron como una negación a la dignidad de la cual estaban imbuidos la imposibilidad de obtener su herencia, pero la preocupación no era la de regresar a su vida de estrechez económica, sino la vergüenza que suponía para ellos el escollo de la cancelación de la deuda, aunque eso fuese un impuesto decidido por el estado.

Al siguiente día, unos vecinos los encontraron, laxamente abrazados en su futón. Habían cerrado herméticamente la habitación y abierto las llaves del gas doméstico. #Familia #pobrezadigna