Un espeluznante suceso ha conmocionado a la población de San Lorenzo de Cardessar,  una pequeña y tranquila localidad mallorquina de la comarca del LLevant.

El viernes 1 de abril la Guardia Civil recibió una llamada de una mujer  llamada Svetla Batukova.  Cuando los agentes se personaron en su domicilio en la calle Bella Vista número 11 de Cala Millor descubrieron un macabro crimen; el cuerpo sin vida de Horts Hans Henkels, marido de Svetla, se encontraba en medio de un gran charco de sangre y había sido terriblemente mutilado, a sus pies descansaba el perro de la casa..

Al parecer, la mujer, posiblemente bajo el efecto de alcohol y drogas, mató a su marido descarnando a cuchillo sus brazos para después  dar esos restos a comer a su perro, un american stanford.

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La autopsia determinó que el  hombre fue drogado antes de tan salvaje ataque, por lo que no pudo defenderse,  y que murió desangrado,  ya que sus brazos fueron descarnados hasta el hueso.

Svetla fue detenida y, después de pasar por el hospital y recibir el alta, se encuentra en dependencias policiales.

La pareja contrajo matrimonio en enero, él tenía 66 años y era origen alemán y ella de nacionalidad rusa tenía 20 años menos que él, 44. Mantenían una relación conflictiva, hasta el punto de que la policía local se personó en su domicilio en varias ocasiones y Horts Hans había denunciado malos tratos.

Los vecinos cuentan como el desdichado acudía a sus casas a pedir ayuda,  por estar operado de la tráquea apenas podía hablar bien, lo que dificultaba que pudiera llamar a la policía. Hablan de palizas de espanto y de cómo en una ocasión también fue atacado por el perro  y apareció con la ropa destrozada y graves mordeduras en un brazo.

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Tan dramática noticia, que parece extraída de la más truculenta película de terror, tiene continuidad con el estrambote de lo políticamente correcto: el ayuntamiento de San Lorenzo de Cardessar no convoca un minuto de silencio por el asesinato ya que el alcalde está esperando a que le dé permiso el Instituto de la Mujer. #Violencia de género #Crónica Baleares #mascotas