Ser niño y refugiado en Europa no es una garantía de estar a salvo del horror, escapando de la guerra se puede acabar en manos de tratantes de esclavos.

El éxodo de los refugiados de la guerra civil Siria tiene ya unas magnitudes bíblicas, y como siempre sucede en los dramas humanitarios, la infancia es la que se lleva la peor parte.

Diez mil es la cifra de niños refugiados de los que no se tiene certeza de su paradero, según informa los periódicos "The Guardian" y "The Observer", citando fuentes de Europol. La noticia del incierto destino de estos miles de niños viene a sumarse al drama que se produce en Oriente Medio y que no tiene visos de parar a corto plazo.

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La cifra es enorme, muchas de las poblaciones que cruzamos cuando viajamos por una carretera no llegan a tener tantos habitantes, y las mafias dedicadas al tráfico de seres humanos ya se barajan como destino de muchos de ellos. Escapar de una guerra para acabar siendo víctima de la explotación sexual y de trabajos en régimen de esclavitud es una doble pena con la que tienen que cargar estos niños, a quienes la guerra ya les ha robado su infancia.

Desde nuestra óptica cotidiana Europa es una zona del mundo donde reina el orden, la paz y la justicia, pero me pregunto: ¿cómo es posible que desaparezcan miles de niños, cuando supuestamente debe de haber un mínimo control en la afluencia de refugiados? Mucho me temo que la respuesta es bien sencilla, el presunto control que se tiene en Europa sobre la llegada de refugiados de Oriente Medio tan sólo se da en nuestra imaginación.

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La cruda realidad es que las mafias que mercadean con seres humanos campan a sus anchas en nuestro continente, básicamente al amparo de una sociedad que es constantemente bombardeada con información y que ha perdido la posibilidad de ser sensible a tragedias de esta magnitud.

El tema de los refugiados se ha focalizado en tragedias puntuales y los debates de los líderes políticos con respecto a la cantidad de refugiados a repartir y el cupo por países, pero la cruda realidad golpea día tras día dentro de la que creíamos nuestra "isla afortunada", ésa Europa civilizada y socialmente desarrollada en la que hemos tenido la suerte de nacer.

Lo más terrible de todo esto es que la explotación a la que serán sometidos esos niños tan sólo es posible en un "mercado" carente de escrúpulos, donde existen millones de consumidores capaces de comprar el fruto del sufrimiento humano. Es la triste realidad: los delincuentes pueden sacar producto de sus crímenes tan sólo si existe alguien dispuesto a comprárselo.

¿Recuerdan la leyenda del flautista de Hamelín? pues para nuestra desgracia no es una fábula, es una cruel y terrible realidad con la que convivimos, corren malos tiempos para ser niño en este mundo que camina entre fusiles y smartphones. #Estado Islámico #Siria #Emigración