De estatura mediana, tez blanca, cabellos rubios artificiales y una dentadura recién restaurada, Carolina, a quien en su barrio en la Colonia Portales conocen como “La Wera”. Desde hace algunos años ha tenido citas con hombres mayores, no como prostituta, solo compartir tiempo con ellos. A cambio, recibe regalos y dinero. Hasta hace poco, esta actividad tenía un nombre peyorativo, hoy se conoce cómo Sugar baby.

Seeking Arrangement, sitio que tiene por misión “brindar un nuevo modo para que las relaciones crezcan”, define a la Sugar Baby como una “persona atractiva en busca de las cosas finas de la vida, que aprecia los viajes exóticos y los regalos, tienen un estilo de vida lujoso y conocen personas adineradas a diario”.

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El mismo sitio coloca los tipos de Sugar Baby en varias situaciones, algunas son estudiantes, madres solteras o sencillamente personas que buscan asistencia para los gastos a través de un Sugar Daddy. Carolina no sabe nada de esto, ella desde antes de que se acuñara el concepto, había encontrado la manera de hacer que los hombres le pagaran sus cuentas sin ofrecer su cuerpo.

Carolina se considera a sí misma como la chica guapa de la cuadra a quien todos invitan a salir. En un cálculo rápido, afirma que recibe mensualmente entre 15 y 20 chicos nuevos que constantemente la buscan para tomar cafés, cervezas, ir al cine, por consiguiente sus diversiones y necesidades juveniles están cubiertas, no obstante, requiere de asistir semanalmente a todas las fiestas posibles para incrementar su lista de contactos, sin embargo, admite, los jóvenes tienen limites, por lo que desde hace un tiempo comenzó a salir con personas de mayor edad.

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En un principio, Carolina salía con jóvenes a quienes no consideraba feos de apariencia, estos pagaban las citas, y por unos cuantos besos podía prorrogar los encuentros hasta que estos optaban por no buscarla más. Su primer experimento con un hombre mayor sucedió con un señor de 52 años, casado, y con dos hijas de su misma edad, a quien conoció en un bar de la zona rosa donde ella “mesereaba” los fines de semana.

Según cuenta Carolina, el hombre comenzó su relación dejando muy buenas propinas, por lo que comenzó a tener conversaciones con el sujeto, estas se enfocaban en sus problemas familiares o del trabajo, por ello, Carolina supo que era un hombre adinerado, dueño de algunos emplazamientos comerciales en los tianguis de ropa. Las visitas al bar se hicieron más frecuentes, una de éstas coincidió con una mala temporada económica para “La Wera". Después de comentarle su problema, el hombre ofreció darle el dinero a cambio de nada, fue en ese momento en que se dio cuenta que de los muchos hombres mayores que la buscaban, podía conseguir mayores retribuciones económicas con solo conversar.

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Carolina continúo sus conversaciones, de igual forma, los encuentros con otros chicos más jóvenes no se detuvieron, incluso en temporadas en que ella tenía novio. Comenta que después de un tiempo, se acostumbró a no pagar una sola cuenta y que, mientras no tuviera relaciones sexuales con nadie, aunque besara a otros hombres, eso no lo consideraba como infidelidad a su pareja.  Ella asegura que hasta la fecha ha llegado a salir con más de 10 hombres mayores, los cuales en la acumulación de todos sus obsequios y favores, han amueblado el apartamento que renta, pagado viajes y costeado su gasto mensual, todo sin ni siquiera besarlos. El tema de sus citas con jóvenes es diferente, el número para ella ya es incontable. #Amor a prueba