Inaudito pero cierto. Peng Yijan, un niño de doce años de la ciudad de Shangai ha cumplido el sueño de todo niño: escaparse de casa con éxito, viviendo a expensas de un centro comercial durante casi una semana.

En seis días Yijan se alimentó de las muestras de comida que ofrecía a sus clientes el establecimiento vecino, Carrefour, y al terminar su "jornada" buscaba las camas de exposición más cómodas y reconfortantes para echarse una siesta o dormir durante toda la noche.

Lo más acuciante de todo es que ni los vigilantes de seguridad de esa cadena sueca ni las cámaras del complejo comercial percibieron la existencia de ese nuevo inquilino, que tuvo sus necesidades alimenticias y acomodaticias cubiertas en todo momento.

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Por no hacer los deberes de "mates"

La razón de tan inesperada aventura se originó el día en que la maestra de su colegio le envió a casa por no hacer los deberes de matemáticas. Al volver a casa, a su madre no le gustó nada la situación y tras una discusión con ella, Yijan escapó de casa y con tan solo 1,5 yaunes (unos 20 céntimos) en el bolsillo se dispuso a buscar un nuevo hogar, y no precisamente al lado de contenedores de basura, sino bajo el paraguas de los suecos.

El idilio a lo Robinson Crusoe moderno llegó a su fin cuando uno de los vigilantes d seguridad le descubrió, por fin, a través de una de las cámaras. Aunque alimentado, lo encontraron algo desnutrido y en estos momentos se encuentra en el hospital de la localidad, sin pronóstico grave alguno.

Y un adulto pernocta dos días de incógnito

Parece que esta aventura no sea exclusiva de la imaginación infantil, ya que a finales de enero de este año, Harvie Campine, un adulto que visitaba los almacenes Ikea, al probar una de las confortables camas del centro decidió echarse una minisiesta y cometió el error de confundir AM por PM en la alarma de su reloj, despertanbdo 4 horas después cuando el centro ya había cerrado sus puertas al público.

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Inquieto por si los sensores de movimiento anti robo le delataban, decidió transformar la siesta en pernocta y así se quedó hasta el día siguiente, en el que despertó antes de que el alúd de clientes le avasallara.

Después de desayunar copiosamente en la cafetería, decidió proseguir su estancia en el centro, viendo el fabuloso centro como un hotel de 5 estrellas donde cada día podía cambiar de suite, cama y decoración de casa, además de comer por un precio irrisorio. Según Harvie, Ikea le pareció un lugar estupendo para pasar sus vacaciones, que a propósito se le habían frustrado, y piensa darle 5 estrellas en TripAdvisor. #Niños