El periódico alemán Bilt ha publicado las transcripciones de las conversaciones entre el comandante y su copiloto, Andreas Lubitz, quien supuestamente estrelló el avión de German Wings contra los Alpes.

Una vez la autoría parece haberse confirmado, la prensa se enzarza en los detalles mórbidos de la vida del copiloto magnicida, registra su domicilio, entrevistan a su padre, encuentran a su exnovia… y nos faltaban las transcripciones, el documento con más peso. Leyendo las transcripciones, a uno se le congela el alma. Piensa en la angustia del capitán al saberse "encerrado" en la cabina de pasajeros, al sentir el avión que bajaba sin fin, y a uno se le estremece el alma al "oír" los primeros gritos de los viajeros segundos antes del fatal impacto.

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¿Información o morbo?

Después de la sorpresa del accidente, la conmoción por no haber supervivientes, y la indignación por saber las causas, al público -ávido por consumir noticias de un mismo tema en un lapso muy corto de tiempo- sólo le queda el morbo. Aparte de servir como pruebas legales para la investigación y la depuración de responsabilidades, por qué publicar y recrearse en unas conversaciones que sólo tienen valor jurídico para las autoridades. Pero para el Gran Público que somos nosotros… ¿qué tienen? Nosotros no vamos a darle ningún tipo de validez legal, solo las vamos a usar para acallar nuestra sed de morbo.

"Por el amor de Dios, ¡abre la maldita puerta!", se ve que fueron las últimas palabras del capitán antes de morir. Allí sería cuando los pasajeros entenderían que iban a estrellarse todos y debió cundir el pánico.

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Ya de nada sirvieron los esfuerzos altruísticos del capitán por disimular su desesperación ante los pasajeros.

"Ya veremos" le dijo Lubitz a su jefe cuando éste le pidió que se preparase para el aterriizaje y poder ir así al lavabo. Seguro que esta respuesta -que a nosotros, sabedores de lo que pasó después nos parece de lo más inquietante- pasó desapercibida para un capitán que confiaba en su ayudante, que además sabía que aspiraba a capitán de Lufthansa. Una carrera a largo plazo a todas luces imposible por el desprendimiento de retina que Andreas ocultó.

Si me muero yo, que se mueran todos, debió pensar mientras en las grabaciones se hace referencia a su respiración tranquila, profunda y sosegada, observando como se acerca a una de las montañas a 700 km/h. Su exnovia dice que a veces se levantaba de la cama en medio de la noche gritando: "Nos caemos!". Pesadilla premonitoria de lo que iba a suceder, de lo que iba a provocar con sus propias manos. Eso le iba a brindar su cuerpo a manos de la memoria histórica, lo que él quería, pasar a la posteridad, a cualquier precio.

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Los Alpes escarpados le ayudaron, pero lo que mas le ayudó fue que esa mañana el capitán decidió ir al lavabo unos minutos. Eso fue lo determinante.

Nuevas normas para evitar atentados

Ahora, la compañía anuncia que una de las nuevas medidas de seguridad que implantará será la obligación de que haya dos pilotos en la cabina en todo el trayecto.Vamos a trancas y barrancas. Aprendemos a base de accidentes y atentados.

Somos incapaces de prever mil escenarios posibles de accidentes, atentados o inmolaciones. Pues,¿sabéis qué? Yo sí imaginé de pequeño que esto podría pasar, que a los pilotos se les podría ir la pinza en cualquier momento y que nos podrían matar a todos. Eran mis razones por tener una especial inquietud por volar. Pero siempre me dijeron: "para ser un niño, tienes mucha fantasía". #Terrorismo