La espiral de destrucción y devastación del patrimonio arqueológico llevada a cabo durante las últimas semanas por parte del grupo yihadista autodenominado Estado Islámico (ISIS; EI en español) en varias regiones iraquíes ha elevado los niveles de alerta internacional.

Mediante estas acciones, que algunos medios se han apresurado en denominar yihadismo arqueológico, los extremistas persiguen aniquilar cualquier rastro identificativo de las civilizaciones precedentes en la zona, en las que se rendía culto a cualquier otro Dios diferente al propio del Islamismo. Hasta el momento, son los restos de antiguas ciudades del imperio Asirio (siglos XIX - VII a.C.) localizadas sobre el actual territorio iraquí los principales objetivos de los grupos extremistas.

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La oleada de ataques comenzó a finales del mes de febrero en Mosul (al-Mawsil), la ciudad más importante (unos 1,8 millones de habitantes) controlada por los yihadistas en la región de Nínive. Entre otras dependencias, los extremistas atacaron con mazos y taladros en mano diferentes piezas arqueológicas del Museo de la Civilización, muchas de ellas con más de 3.000 años de historia.

Además resultaron devastadas varias iglesias y monasterios como el de San Jorge (o Markoukas), una antigua construcción asiria del siglo X, reedificada por la Iglesia católica en pleno siglo XIX. La antigua ciudad de Nimrud, conocida como Kalkhu por los asirios y como Calaj o Kalakh en el Antiguo Testamento, fue la siguiente en ser atacada, sólo unos días después del ataque a Mosul. Se estima que durante el ataque pudieron ser destruidas más de la mitad de las ruinas asirias de la vieja ciudad, fundada en el siglo XIII a.C.

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El siguiente objetivo en esta oleada de ataques fue Hatra (al-ar), una ciudad del siglo III a.C. que llegó a ser capital del antiguo imperio Parto (siglos III a.C. - III d.C.) y centro neurálgico, tanto comercial como religioso, del primer reino árabe.

La riqueza arqueológica de esta ciudad le valió su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1985. Sin embargo, los ataques de marzo apuntan, según las primeras estimaciones, a una devastación de la práctica totalidad de los restos de la antigua ciudad.

La antigua ciudad de Dur Sharrukin, actual Jorsabad (Khorsabad), es hasta el momento el último objetivo de los extremistas. Dur Sharrukin fue una ciudad amurallada que llegó a ser capital del imperio asirio en el siglo VIII a.C.

Se estima que los ataques de los extremistas de las últimas semanas han aniquilado por completo varios templos y palacios, entre otros los de los antiguos reyes Senaquerib (reinado: 705 - 681 a.C.) y Sargón II (reinado 722 - 705 a.C.).

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Sin embargo, más que ataques contra el patrimonio arqueológico propiamente, lo ocurrido demuestra una persecución y limpieza cultural contra la propia historia de estas regiones. Así lo justifica el ataque a varias bibliotecas de Mosul, como la universitaria, la de la iglesia, la del museo y la de América. Sólo según las primeras estimaciones pudieron haber sido quemados en estos ataques más de 100.000 manuscriptos y documentos, alguno de los cuales databa del 5.000 a.C.

Esta espiral de destrucción amenaza ahora a otras ciudades cercanas, sobre todo en las regiones que están bajo control yihadista. El rico patrimonio arqueológico y cultural de estas regiones está en serio peligro y a la espera de que la comunidad internacional actúe de una forma más efectiva de lo que lo ha hecho hasta este momento. #Terrorismo