Un estudio del Instituto de la Tierra la Universidad de Columbia sugiere que el calentamiento global precipitó la guerra de Siria en 2011. Las graves sequías que afectaban a la región desde 2006 habrían aumentado el desencanto de la población hasta culminar en uno de los episodios que conformaron la que se denominó "primavera árabe".

Richard Seager, uno de los coautores de la investigación, subraya que su equipo no está afirmando que la sequía causó la guerra, sino que fue un aliciente más para elevar la frustración entre los ciudadanos. La sequía, dicen los investigadores de Columbia, ha asolado Oriente Próximo, desde Turquía hasta Irak.

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Desde principios del siglo XX, las temperaturas han subido entre 1 y 1,2 ºC, y las precipitaciones han bajado un 10%.

El calentamiento global ha provocado dos efectos: los vientos que empujan las nubes desde el Mediterráneo se han debilitado y las altas temperaturas han acelerado la evaporación de la humedad del suelo. Frente a otros periodos de sequía, como los ocurridos en las décadas de 1950, 1980 y 1990, el comprendido entre 2006 y 2010 fue el peor con diferencia, afirma el estudio. Este deterioro se debe al cada vez más grave cambio climático.

Siria habría sido especialmente vulnerable a este proceso debido al aumento de población: de cuatro millones de habitantes que tenía en 1950, ha pasado a veintidós millones en la última década. A ello se suman, explica Shahrzad Mohtadi, otro de los autores, la política de cultivos de exportación que requieren un alto consumo de agua, como el algodón de regadío y la proliferación de pozos ilegales que han acabado con las reservas subterráneas de agua.

Entre los efectos de la sequía, los investigadores dicen que la agricultura, que tradicionalmente ha supuesto un cuarto de P.I.B.

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de Siria, se ha desplomado un tercio; la ganadería prácticamente ha desaparecido; el precio del cereal se ha duplicado y la desnutrición infantil ha crecido dramáticamente. Durante los años a que se refiere la investigación, un millón y medio de refugiados del campo no encontró una alternativa laboral en las ciudades. Sin ayuda del Estado, tuvieron improvisar suburbios que carecían de los servicios mínimos.

Todo ello provocó una inestabilidad social de consecuencias devastadoras. Si ésta fue o no la causa principal, no se podrá saber, dicen los autores. Recuerdan que existe un amplio historial de estudios que afirman que el clima extremo provoca un mayor número de episodios violentos en las zonas afectadas, desde agresiones personales a conflictos generalizados en todo un país.

Además, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) predice una mayor violencia en el futuro a causa del clima y la consiguiente falta de recursos básicos como agua y alimentos. El estudio completo ha sido publicado en el Proceedings of the National Academy of Sciences bajo el título "Climate Change in the Fertile Crescent and implications of the recent Syrian drought".