Todos sabemos, porque nos lo enseñaron en el colegio, que un campo eléctrico es una fuerza que se crea debido a la atracción y repulsión de cargas eléctricas; sin embargo, ninguno podríamos imaginar que trabajar con la electricidad generaba atracción por el #Arte. Simplemente, la casualidad ha hecho que prácticamente al mismo tiempo dos electricistas sean juzgados por apropiación indebida de obras de arte. Si hace unos días se juzgaba a José Manuel Fernández Castiñeiras, electricista de la Catedral de Santiago por el robo del Códice Calixtino, hoy las noticias se hacen eco del juicio a otro compañero de profesión, el electricista francés Pierre Le Guennec.

Anuncios
Anuncios

Hace cinco años, este ex-empleado de Picasso pretendía hacer autentificar, por la Fundación Picasso, 271 obras del mencionado pintor malagueño. Las obras, que incluyen litografía, dibujos y pinturas, han estado almacenadas más de 40 años en el garaje de este electricista y los herederos del pintor no llegan a creerse que su padre le donará esta cantidad de obras, simplemente por los servicios de electricidad prestados. Sin embargo, la labor de la justicia es ardua ya que la carencia de testigos y de pruebas hace difícil demostrar si se trata de una donación voluntaria del pintor o de un robo, en toda regla, del electricista.

De momento se barajan tres hipótesis, la primera apoyada por el acusado, que el bueno del pintor y/o su esposa y ante un ataque de generosidad le donara las obras de arte a este ex-empleado.

Anuncios

La segunda, que aprovechando el traslado del taller del pintor, el electricista se apropiará de las obras de arte sin que sus propietarios se dieran cuenta y la tercera, la más novelesca, y la que parece apuntar el hijo del pintor, Claude Ruiz Picasso, que se trate de una trama de blanqueo de obras de arte y que estas obras habrían llegado a manos de Pierre Le Guennec, simplemente, por haber tenido relación con su padre en el pasado.

Sea cual sea la verdadera causa, el hacendoso electricista se enfrenta a una pena de prisión de cinco años y a una multa de 375.000 euros en caso de demostrarse que la apropiación de estas obras de arte fue de forma ilícita; sin embargo, de ser absuelto, el buen señor, pasaría a tener una fortuna de más de 60 millones de euros. Y digo yo, si te molestas en regalar 250 obras de arte a un señor ¿No podrías haber perdido simplemente unos minutos en hacerle un certificado de donación firmado? La verdad es que el caso es bastante confuso y aún quedan muchas preguntas por contestar.