Hemos acabado el año y es momento de hacer balance también de lo que ha supuesto este período en materia de defensa de los derechos de los #Animales. La primera cifra que nos alerta de que en España las cosas en materia de concienciación y sensibilización del reino animal no es para nada alagüeña es el aumento significativo de abandonos de perros y gatos y el porcentaje elevadísimo de maltrato animal que en nuestras queridas tierras se está produciendo.

Vayamos por partes. Desde asociaciones defensoras de los animales, se ha ido pidiendo un marco legal nacional que armonizara las diferentes legislaciones regionales. No ha habido forma.

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Cada comunidad autónoma poseen leyes diferentes y lo que está permitida en unas, no lo está en otras. Por ejemplo, mientras que en Cataluña, Andalucía, Extremadura y Cantabria la exposición pública de animales en los escaparates está totalmente prohibida, en el resto no lo está.

Por otra parte, en el código penal, queda tipificado como delito el maltrato animal, pudiendo oscilar la pena de cárcel en un período de 3 meses a un año. Pues bien, a día de hoy, nadie ha entrado en prisión. Y, lo que es aún peor, el abandono, tan frecuente en todas las regiones de España, se considera falta administrativa. En este sentido, la ley es laxa, insuficiente y permisiva contra la crueldad constante a la que se someten a los animales.

Pero pongamos cifras al abandono. Se cuenta que son unos 150.000 perros abandonados al año en nuestras tierras. ¿Cuáles son las causas? Pues bien, según un informe presentado por PACMA (Partido Animalista Contra el Maltrato Animal), el casi el 11% de los casos de abandono, coincidió con el fin de temporada de caza.

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Extremadura fue la región en donde más se elevó esta cifra, casi el 31% de los casos. Al abandono, hay que sumarle la acción municipal de las perreras. Casi todos los animales que acceden a ellas, no salen vivos; son sacrificados sin más políticas que acciones de reducción de población canina y felina.

Mientras vemos a nuestro alrededor estas situaciones tan dolorosas, no se efectúan, por medio de los organismos competentes, medidas eficaces, más baratas y respetuosas que las de inyectar dinero para exterminar la vida de ellos. Sería bueno, conveniente y justo que se legislara pensando en el bienestar de ellos, y no en su exterminio. Hasta que no haya "sacrificio cero", hasta que no hayan políticas de protección reales, hasta que no se levanten los muros de la justicia por cada ser viviente, no podremos afirmar que somos una civilización civilizada. Aunemos esfuerzos y converjamos en acciones eficaces, justas y constructivas para nuestros hermanos menos, los animales.