El pasado sábado treinta de noviembre, la televisión emitía una entrevista a Teresa Romero. Durante dicha entrevista se la veía muy emocionada, triste y nerviosa. Afirmaciones como: "Me sentí coaccionada por el médico que me hizo el interrogatorio" o "para mí era imposible saber cómo me había contagiado" nos hicieron tener una ligera idea de lo que esa mujer debió pasar.

Contó, paso a paso, toda su historia relacionada con el contagio y posterior tratamiento. También habló de su perro Excálibur. Para Teresa, Excálibur no solo era un perro. Era su hijo. Un hijo al que arrebataron la vida sin ni si quiera hacer una analítica y comprobar así que efectivamente hubiese podido estar infectado.

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Según afirmaba Teresa Romero, la muerte de su perro no sirvió de nada, pues hoy en día, se volvería a hacer lo mismo en el caso en el que se vuelva a infectar un perro. Lo sacrificarían directamente. Recordamos que en Dallas, poco después de saltar a los medios el caso de contagio de Teresa, se daba a conocer el caso de otra enfermera también infectada de ébola, cuyo perro fue cuidado y protegido por veterinarios, hasta que se confirmó que estaba sano, libre de virus.

¿Qué nos pasa en España? Detalles como ese hacen pensar que realmente estamos muy lejos de otros países en cuanto a avances y trato hacia los animales. Teresa también pudo ver vídeos donde el Consejero de Sanidad de Madrid juzgaba su inteligencia al decir "no hace falta un máster para ponerse un traje". A lo que teresa respondió, con mucha educación, que ese hombre no debería estar ahí. 

Teresa contaba que no hubo una formación previa.

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Tan solo unos minutos antes de traer al enfermo, se les guió rápidamente. Así como también que no había nadie preparado cuando ellas salieron del cuarto del misionero ya fallecido tras limpiar el mismo. ¿De quien era la culpa de que ellas hubiesen estado tanto tiempo dentro de la habitación? Teresa lo explicó. Ellas querían terminar su trabajo ya empezado. Pero, ¿por qué ninguna persona avisó de que llevaban tanto tiempo?

Teresa confirmó que realmente el protocolo se llevó a cabo cuando ella ya sabía que estaba infectada. Lo difícil de entender es cómo trajeron a un enfermo contagiado con los correspondientes riesgos, sin haber dado un curso como corresponde a los trabajadores sobre el traje y demás.

El Consejero de Sanidad, por su parte, no piensa como Teresa. Él piensa que lo hizo todo bien. En la Cadena Ser Javier Rodríguez afirmó "que si lo hubiera hecho mal, Teresa no estaría hablando", adjudicándose así el mérito de haber acabado con el ébola en España.  Sin embargo, la mujer contó como acudió a su centro de salud avisando de que podía tener ébola.

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Narró cómo la trasladaron en una ambulancia como podrían haber trasladado al que se rompe una pierna, es decir, sin ninguna medida especial. Y que tras ella, esa ambulancia fue a recoger a otros pacientes.

Pero si volvemos al tema de Excálibur, también recordamos las medidas mediocres con las que el perro fue trasladado tras su sacrificio en el domicilio de Teresa y Javier Limón. Una furgoneta común cuyo interior estaba oculto por lo que parecían unas bolsas de basura y el crematorio de mascotas San Antonio Abad Memorial Center, donde fue incinerado Excálibur, ni contaba con licencia municipal de funcionamiento. Errar es de humanos. Reconocer los errores de valientes. Y tantas palabras desafortunadas le han costado al Ministro de Sanidad su puesto de trabajo. #Rey Felipe