Hoy se ha conocido la noticia de la decisión del juez que condena a dos menores de un delito contra la integridad moral por acosar a su compañera, Carla Díaz Magnien de catorce años que terminó suicidándose, al lanzarse por un acantilado en Gijón el 11 de abril del año 2013. Han reconocido que desde el año 2012 vejaban, insultaban, humillaban, descalificaban su sexualidad y despreciaban a su compañera de curso, llegando incluso a lanzarle agua y a golpearla en los servicios

Se les impone una pena de cuatro meses de servicios socioeducativos, con la finalidad de que logren controlar sus impulsos y asuman las consecuencias de sus acciones.

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La Fiscalía de Menores y la acusación particular están conformes con la condena y, sobretodo, que han reconocido la autoría de los hechos. Aunque ellas no le dijeron que se suicidara, sus constantes humillaciones hicieron mella en la frágil mente de Carla que no pudo seguir soportando la situación y optó por quitarse la vida.

El fiscal de Menores, Jorge Fernández Caldevilla, ha elaborado un escrito de calificación que ha sido aprobado por los abogados, representantes legales y por las dos chicas ahora condenadas, los abogados defensores y la acusación particular, en el Juzgado de Menores donde se ha celebrado el juicio. En él se deja ver muy claro cómo las menores expedientadas vertían constantemente sobre su compañera humillaciones.

Después de la muerte de la menor se abrió una investigación para tratar de conocer los motivos que llevaron a una niña que empezaba a vivir a tomar tan drástica decisión, fue entonces cuando su madre Montserrat Magnien se dio cuenta que su hija recibía constantes insultos, no solo en el colegio, sino que utilizaban las redes sociales Facebook, Tuenti y Ask.fm para también emprenderla con Carla, a través de vejaciones e imágenes burlonas que, según le dijo a su hermana, eran "las de siempre", las que se metían con ella.

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Carla se sentía indefensa ante los atropellos efectuados por estas chicas que por aquel entonces tenían 13 años, y bajo la indiferencia total de sus compañeros del Colegio Ángel de la Guarda de Gijón, en algunas ocasiones le pidió a su hermana que la acompañara a la salida del colegio y así evitar sentirse más a merced de los insultos de estas adolescentes, sin imaginar siquiera el sufrimiento que padecía todos los días su hermana.

Ojalá y esta condena sirva de escarmiento y no sigan presentándose situaciones tan terribles en los centros educativos en los que los más fuertes la emprenden con los más débiles, con las graves consecuencias que hoy tristemente conocemos.