Esta mañana, del día 19 de diciembre, nos hemos despertado encontrando acordonada la calle Genova de la capital española, tras chocar un coche contra la sede del Partido Popular sita en dicha calle. Los componentes del cuerpo de artefactos ya se hayan allí por si así fuera. Desde que sucedieron los hechos, el despliegue policial ha sido intenso, y han prohibido el paso ante la amenaza y la posible detonación del supuesto artefacto. Ya uno de los robots que emplean en estos casos se haya en el lugar inspeccionando el material hallado en el maletero del coche en cuestión. Al parecer todo se ha quedado en un susto, tras arrestar a un hombre que presenta un cuadro mental inestable y que es el propietario del vehículo siniestrado.

El hombre que ha empotrado el coche es un empresario turolense. Se encuentra arruinado y ha decidido realizar dichos actos. Por lo visto, según aseguran las fuentes policiales, el conductor llevaba en el maletero un par de bombonas de butano. Tras analizar la mercancía por el robot que previamente había examinado todo, la tentativa ha quedado en nada. El empresario acusa al partido gobernante de su mala suerte. De haber perdido todas sus propiedades y encontrarse en banca rota absoluta. 

Desde luego, lo que sí queda claro es que su intención era hacer que todo estallara. Ya se encuentra detenido y a buen recaudo aunque insiste en que se trata de 15 kilos de amonal, y que todo estaba preparado para estallar. De hecho, ha reconocido ante la Policía todos los hechos.

¿Surrealista? ¿Condicional? ¿Tan mal estamos que perdemos la cabeza? Sí. Así es. La situación por la que estamos pasando nos está llevando a cometer actos inconscientes. Esto se le llama desesperación. Lo que trae la crisis. Esa de la que el partido gobernante nos hace saber que estamos saliendo. Que podemos hacer ante tanta desazón. Que puede empujar a un hombre de negocios a este estado de locura transitoria, y perpetrar o por lo menos intentarlo, un hecho como éste. Debemos plantearnos que está pasando. #PP