A San Fermín venimos porque es nuestro patrón” el txupinazo marca el inicio de la fiesta entre vivas y goras, toros y juerga, del 7 al 14 de julio Pamplona es la reina de la fiesta mundial. No es el inicio del verano pero casi, las #Fiestas se irán repartiendo por toda la geografía española. Y fiestas son sinónimo de diversión…pero la diversión no es igual para todos.

El año pasado las denuncias por #Agresiones sexuales se multiplicaron por cuatro en los Sanfermines, hasta el punto de que este año las autoridades se han visto obligadas a aumentar el operativo para proteger a la población multiplicada por la fiesta. 3500 agentes de la Policía Nacional, Municipal y Foral patrullan las calles.

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Además, de tener instaladas unas 200 cámaras de vigilancia.

A la vez, han desarrollado una campaña contra la violencia machista, bajo el lema “No es No. Por unas fiestas libres de agresiones sexistas”, cuyo símbolo es una mano roja extendida. Unos panfletos se reparten explicando qué es la violencia sexista, dando unas pautas para las mujeres que sean agredidas y aportando números y lugares a los que acudir para solicitar ayuda y denunciar, en caso de que sea necesario.

¿Medidas eficientes?

Pero, ¿son todas estas medidas suficientes y eficaces? La semana pasada, todos los medios de prensa se hicieron eco de la experiencia de una reportera del programa “Espejo Público”, que sola, grabando con un móvil se adentró en el momento álgido de la fiesta. Su experimento consiguió declaraciones de chicas que confesaban que en ocasiones pasan miedo [VIDEO].

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También otras de chicos jóvenes, a los que preguntó su opinión sobre las violaciones que habían sido denunciadas el año pasado. Algunos mantenían que “hay un tipo de mujeres que llevan faldas cortas y escotes amplios, que van buscando…

La propias imágenes grabadas por la periodista eran una muestra clara de como, algunos hombres, se tomaban la libertad de acercarse a besarla o a realizarle tocamientos sin mediar palabra previa, a pesar de su rotunda negativa.

Nagore Laffage, fue una víctima que en 2008 despertó la conciencia ciudadana, en plenas fiestas murió a manos de Diego Yllanes, por no consentir en tener relaciones sexuales con él. El año pasado fueron 18 las agresiones denunciadas (aunque hay muchas más que nunca llegan a denunciarse). El 7 de julio, una joven de 18 años fue violada por cinco jóvenes sevillanos que grabaron la agresión con un móvil, ellos mismos se bautizaron como “La Manada”.

Este año, el primer día de la fiesta ya fueron realizadas dos denuncias por abusos sexuales y hay un detenido.

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¿Un problema de las fiestas?

Obviamente, los #Sanfermines son un ejemplo destacable por la magnitud de la fiesta, la propia publicidad la vende a los extranjeros como “la fiesta en la que puedes beber, bailar y besar a quien quieras”. Sin embargo, la imagen no dista mucho en las distintas fiestas masivas de España, donde la gente se aglomera y el alcohol circula en ingente cantidad.

De fondo una discusión que se está desarrollando en los medios, ¿puede ser el alcohol un atenuante? Aquí, una vez más, vemos un ejemplo de doble moral, una mujer que bebe está más indefensa y por lo tanto es más vulnerable de ser agredida (es su responsabilidad). Sin embargo, un hombre que bebe es menos dueño de sus actos. Lo mismo ocurre con las agresiones grupales, como los agresores se alientan entre ellos la responsabilidad se diluye en el grupo.

En realidad, no hay atenuantes, una agresión es una agresión mucho más flagrante cuanto más indefensa y expuesta está la persona agredida. El alcohol y las drogas no son atenuantes, si eres capaz de elegir a tu víctima y buscar un espacio para agredirla tienes suficiente conciencia de lo que estás haciendo.

Pero no perdamos de vista el problema principal, unas 60 mujeres de media son asesinadas en España por violencia machista, y atendiendo a datos del Ministerio del Interior una mujer es violada cada 8 horas.

El problema de fondo es una sociedad que sigue cosificando el cuerpo de la mujer, que sigue manteniendo como válidos los estereotipos sexistas. Una sociedad en la que la violencia sexista está creciendo de modo alarmante entre los adolescentes.