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El vínculo que relaciona las vacunas con el autismo, comenzó a circular hace 19 años, cuando Andrew Wakefield, prestigioso médico británico hacía pública su teoría. El hasta entonces reconocido médico manipuló pruebas que concluían que la vacuna conocida como la triple vírica, era causante de esta patología.

El estudio que había realizado en 12 niños, aseguraba que la ambas situaciones generaban autismo en los menores, no obstante, las pruebas habían sido preparadas para que dieran ese resultado. El Colegio General Médico Británico decidió expulsarlo y la revista en la que el profesional solía publicar sus tesis, no solo no volvió a contratarlo, sino que eliminó todos los artículos por él publicados.

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Los estudios que posteriormente se han publicado, no encuentran ningún tipo de relación, ni siquiera en entre hermanos de niños con autismo. Los países que, ante esta supuesta alarma, retiraron de su calendario de vacunación la misma, no han reducido el número de pequeños con autismo. Tal dato lo confirma la propia Fundación Autismo Diario y es la primera en negar que exista algún riesgo asimilable entre ambas.

Las vacunas solían llevar timerosal, un componente que, para quienes se aferran a la idea de unir vacunas con autismo es fundamental. Este conservante podría resultar tóxico y afectar directamente el sistema nervioso central. Específicamente, orientan este postulado hacia el crecimiento de la enfermedad en niños de todo el mundo. Solamente en Estados Unidos ha crecido un 30 % durante los últimos años.

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Los médicos sostienen que no se trata solamente de un aumento del trastorno, sino de la mejora y disponibilidad de técnicas que permiten detectarlo.

¿Qué es el autismo?

Pese a que la enfermedad ha sido diagnosticada por primera vez en 1912, no fue hasta 30 años después que se propagó como un trastorno neuronal. Hans Asperger, el prestigioso médico austríaco del que toma nombre uno de los tres trastornos del espectro autista. Asperger comenzó a utilizarlo con niños menores de 12 años que padecían ciertos hábitos sociales, relacionados con la amabilidad y la cortesía, pequeños que no compartían juegos con sus pares.

Aunque encontrar una definición que aúne todas las posturas y vertientes, muchos sostienen que el autismo podría ser hereditario y que si bien, muchos pequeños que lo padecen no hablan, otros tienen capacidades lingüísticas pero no las utilizan.

Este trastorno que afecta más los niños que a las niñas, hace que por el ejemplo los menores tengan conductas repetitivas. Lo cierto es que las causas que originan esta patología no son claras, ni concretas, resultando desconocidas en muchos casos.

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Algunos investigadores sostienen que el factor ambiental, sumado a algún problema o reacción extra uterina podrían ocasionarlo.

Fue un psicoanalista, también austríaco, quien se interesó por la enfermedad desde un costado psicoanalítico y menos clínico. El analista sostenía que el autismo era una muestra de autodefensa del feto al sentirse rechazado por sus progenitores en una primera instancia. Esta teoría que hoy es la más desacreditada de todas las que se han formulado sobre el autismo, ha estado vigente desde los años 50 hasta los 70. Los que apoyaban esta hipótesis sostenían que la falta de apego de los padres para con el pequeño y ciertas costumbres de éstos propiciaban la enfermedad. Lo que sí está confirmado es el beneficio que representa para un niño con estas caracterizas un entorno de apego, amor, seguridad y confianza de quienes lo rodean.

Cerca de un 75 % de los pequeños que padecen autismo también tienen cierta discapacidad intelectual, en grados diferentes según el niño. No obstante, también se han observado casos de menores superdotados que presentan signos de autismo. #Actualidad #Salud