Solitaria, deprimida, trabajadora y empática con el sufrimiento ajeno, así retrata a Christine Chubbuck la película biográfica que lleva su nombre por título.

Un joven de 29 años, que cansada de los pedidos del director de la cadena para la que trabajaba de aumentar el morbo y las imágenes violentas en el segmento de Christine, se disparó en directo. Cansada también de una depresión que la asolaba desde hacía muchos años, una enfermedad de la que no podía salir pese al tratamiento médico y la ayuda de su familia.

Su suicidio fue el primero en ser emitido en directo en Estados Unidos. “Verán una primicia” dijo a su público “un intento de suicidio”, luego se mató en directo.

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Muchos de los televidentes que estaban frente al televisor alertaron al 911 de lo ocurrido. Christine murió 14 horas después.

Con su muerte, dio inicio al sensacionalismo de los medios de comunicación que luego continuaron las redes sociales. Los largos años que han pasado desde su muerte, no han dejado de marcar un antes y un después, en lo que sí se puede hacer o no en televisión.

La pena por el deceso de una periodista en acenso, joven y comprometida socialmente ha estado siempre ligada la brutal manera de terminar con su vida. Que involucrara a los espectadores de una manera violenta y despiadada, dejó a tras la lección sobre los medios para cuestionar su actitud. La enseñanza que, tal vez quería dejar Chubbuck, se empañó con la furia de su muerte llegando sin avisar todo el tuviese el televisor encendido en la cadena 40.

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