El próximo 23 de abril Malasaña, el emblemático barrio de Madrid celebrará una nueva edición de “Pinta Malasaña”. Una explosión de arte callejero que se realiza por segundo año consecutivo gracias a la partición de Somos Malasaña, el periódico barrial que se lee hasta en las afueras de la capital y la asociación Madrid #street art Project. Estos últimos son los responsables de otros eventos de igual magnitud que comenzaron en la ciudad y ya han traspasado fronteras.

El domingo, coincidiendo con Sant Jordi, 100 artistas intervendrán durante todo el día, 100 comercios del barrio. Las producciones llevadas a cabo por diseñadores gráficos, graffiteros, artistas plásticos y visuales se volcarán en las fachadas, cierres y escaparates de locales que se han apuntado para participar de la programación.

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La organización ha intentado repetir, no solo el éxito de la pasada edición, sino hasta incluso superar el nivel de los participantes. De la convocatoria del 2016, la primera que se llevó a cabo, participaron más de 800 artistas callejeros de todo el país, solo 100 pudieron recrear a cielo abierto, una galería de #Arte al aire libre y exhibir su trabajo y talento.

¿Qué es el arte urbano o callejero?

El Street Art tiene que ostentar dos grandes condiciones. La primera es que se realice en espacio abierto o en sitios donde el arte no tendría cabida o es poco habitual. La segunda es que roce la ilegalidad, aunque con el correr de los años y el afianzamiento del movimiento, están dejando esta última clausula en desuso.

El arte callejero estuvo relacionado, desde sus inicios con la disconformidad popular.

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Graffitis y pintadas, murales en espacios públicos o de propiedad privada, dieron origen a este estilo. Con el paso del tiempo se sumaron las pegatinas y los afiches.

Tiene numerosos detractores que lejos de considerarlo arte, lo colocan como la obra de personas marginadas o fuera de la ley. Entre un extremo y el otro, se encuentran los factores llamativos de este movimiento y los puntos flacos, esos que hacen que no termine de ser aceptado por todos.

La popularidad del Arte Urbano, lo asequible (tanto por materiales como por soporte) lo hacen interesante para un gran sector de la sociedad. El arte callejero es ante todo una forma de comunicar, es expresión pura y dura. Pero ¿acaso no lo es un cuadro de Miró o Degas?

Sí, claro que sí, que los pintores clásicos y reconocidos, lo que se exponen en Museos y disfrutan de la mirada atenta y sin cuestionamientos de los observadores, también son expresiones. Por lo general, el Street Art está ligado a la protesta generacional, a un inconformismo social estrechamente ligado a lo político y en gran medida también a lo económico.

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La crítica social está explicita en este movimiento.

A partir de los años 90, comenzó a redefinirse este estilo como el de un grupo de artistas heterogéneos, unidos por sus ideas sociales e inquietudes, más que por su técnica. El soporte comenzó a ser parte fundamental del trabajo. Cuanto más llamativo el medio, mejor expuesto el concepto.

“Arte callejero es una manifestación de la opresión o la marginación y posiblemente perjudique a propiedades privadas”, explican desde “Tipos de Arte”.

¿Cómo interpretar el arte callejero?

Aunque cada vez más aceptado en la convivencia local, los orígenes del arte urbano presentaban 3 grandes características que le otorgaban valor a la obra. En primer lugar, la repetición, la cantidad de graffitis o intervenciones que un artista era capaz de hacer en un mismo lugar. En segundo lugar, primaba el grado de peligrosidad al que el artista se había sometido para llevarla a cabo y por último el estilo personal.

Es importante destacar que existen, como en cualquier otra clase arte, diferentes estilos. El que originó el movimiento fue el Graffiti, derivada del término grafito, que significa “palabras en la pared”. Surgió en los años 60, entre jóvenes que rubricaban las paredes de los suburbios.