En #España más de la mitad (el 53,5%) de los alumnos de familias con nivel económico bajo ha repetido curso, según los datos del último informe PISA. Se trata de un porcentaje que escandaliza, pero quizás no sorprende: los escolares de entornos desfavorecidos acostumbran a sacar más malas notas que sus compañeros más privilegiados. Ahora bien, hay otro dato que costará mucho más de creer: un alumno de clase baja tiene 5,6 probabilidades más de repetir curso que uno de clase alta cuando los dos tienen exactamente el mismo nivel de competencias –en este caso de ciencias– que evalúa PISA. Este grado de acondicionamiento social a la hora de repetir no tiene parangón en los países desarrollados: España tiene el dudoso honor de encabezar el ranking de los 70 países analizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en esta probabilidad.

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Un interrogante sobrevuela el sistema educativo español: ¿Por qué un niño de entorno desfavorecido tiene muchos más números de repetir que uno de entorno favorable incluso cuando uno y otro han logrado las mismas competencias?

Por un lado, se podría decir que el alumno de clase baja acostumbra a ir a una escuela donde algunas veces el profesor ya espera menos de sus alumnos. Esto tendría que que ver lo que se conoce como efecto pigmaleón, pues las bajas expectativas sobre el alumnado que presenta más problemas o que vienen de entornos más desfavorables acaban condicionando su rendimiento académico, a pesar su potencial. Si los profesores les transmiten que esperan que lo hagan bien, hay muchas más probabilidades de que así sea. Si, en cambio, creen que lo harían mal, también es muy probable que ocurra esto último.

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Por otro lado, habría que destacar que muchos de los alumnos de clase baja, cuando les va mal, no tienen una familia con capacidad para convencer su tutor de que el próximo curso se ponga las pilas; por supuesto, tampoco se puede pagar unas clases de refuerzo y, por último, en la escuela no tienen sólo en cuenta lo que ha aprendido de matemáticas o de lengua, sino también si trae el trabajo al día o muestra motivación por los estudios. Y estas dos variables quizás no siempre se cumplen.

Ante esta situación, tal como expone Ken Robinson en su libro "Escuelas creativas" la clave para mejorar el rendimiento escolar reside en saber que enseñar y aprender son partes indisolubles de un mismo todo. Los alumnos necesitan profesores que se comuniquen con ellos, y, especialmente, que crean en ellos. #Educación