Es 24 de agosto de 1937. El ejército republicano cerca el pueblo aragonés de Belchite. El pueblo se encuentra custiodiado por tropas nacionales, que resisten como pueden a los ataques por tierra y aire. El sonido de los obuses y de los aviones militares que bombardean la población retumban en la zona. Los habitantes, presa del pánico, buscan refugio en sótanos y cuevas para no ser víctimas de la contienda. En la iglesia de San Martín se amontonan los miles de heridos que no pudieron ponerse a salvo, que convierten al templo en un auténtico hospital de sangre. Los cadáveres de las personas fallecidas eran enterrados por los más jóvenes en la fosa común que se había convertido Belchite.

El 6 de agosto, el ejército consigue entrar en el pueblo tras la resistencia de los nacionales.

Anuncios
Anuncios

A los miles de fallecidos en apenas 14 días, había que sumar los fusilados, consecuencia del traslado de la guerra a cada casa. El episodio de la batalla de Belchite pasó a la Historia como uno de los combates que más ejemplifican lo que fue la Guerra Civil Española.

Franco, tras el final de la guerra, decidió no reconstruir el pueblo aragonés, sumido en la más absoluta devastación. A día de hoy, las calles del antiguo Belchite desprende desolación y tristeza. Los restos de las viviendas rezuman soledad. Las ruinas de la iglesia de San Martín reverberan los lamentos y los gritos de dolor de los heridos que allí se aglutinaron. En resumen, este pueblo abandonado tiene el sentimiento vivo del acto más terrible del ser humano.

Los ecos de la guerra han quedado camuflados entre los muros que un día fueron testigos de vida y en los que hoy solo se respira muerte. Varias personas han intentado captar esos sonidos que se esconden tras el silencio.

Anuncios

Pedro Amorós, armado con su magnetófono, ha captado numerosos registros que van relacionados con fusilamientos o con las campanadas del reloj que rompían el silencio de la noche.

Carlos Bogdanich, del programa Cuarta Dimensión, hizo rememorar a los más viejos del lugar lo cruentos que fueron los bombardeos, con la grabación de estallidos de obuses y el silbido atronador que provocaban los aviones de guerra.

Belchite ha quedado impregnado de los ecos de la tragedia que lo marcaron para siempre. Es un vestigio mudo que, en ocasiones, alza la voz para transmitir lo que allí ocurrió, en un intento de servir como escarmiento para aquella tragedia que no se tiene que repetir nunca más... #Ciencia #Psicofonía #Misterio