El trabajo infantil es una manera de subsistencia que muchas familias latinoamericanas han encontrado para sobrevivir. Solamente en México existen cerca de 2,5 millones de niños que trabajan, muchos de ellos en condiciones miserables. La edad legal mínima para que un niño pueda ser empleado varía según el grado de desarrollo del país en el que ha nacido.

Para la mayoría de los Estados, es necesario haber cumplido los 15 años, pero en otros basta con tener 14. Según las condiciones en las que un menor es empleado, puede reducirse en uno o dos años. Es decir que, si solo se trata de tareas esporádicas, que no conllevan esfuerzo físico y por solo unas horas, puede tener 14 años.

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El trabajo infantil, además de estar prohibido por entorpecer una edad en la que el menor requiere de formación, cuidados paternales y tiempo de juego, implica una serie de riesgos con graves consecuencias. El entorno no es el adecuado, el niño no está capacitado aún para la presión, el trato con adultos, ni las exigencias.

A largo plazo, los pequeños que trabajan, pueden sufrir envejecimiento prematuro, depresión y desnutrición, además de ser mucho más propensos a consumir sustancias tóxicas como drogas o alcohol. #Infancia