Completamente manido a estas alturas, el tema de las nuevas formas de amistad y comunicación, de relaciones que ya no son relaciones, de un ámbito del mundo que simplemente le ha "nacido"al original, como si se tratase de una seta. Efectivamente, las "#Redes Sociales". Pero me planteo ahora qué significa exactamente el término "red social". ¿Es de verdad social o es tan sólo una red cuyo objeto, irónicamente, es coartar lo puramente social? 

El tema neurálgico en este caso, en mi opinión, no es únicamente lo que implican en sí las redes sociales, sino los efectos que han tenido. Es decir, actualmente nuestro mundo de pronto se divide en planos, en estratos o dimensiones, curiosamente independientes entre sí pero con una zona de confluencia que, lo que es peor aún depende de la subjetividad de cada persona.

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Podríamos tomar por ejemplo cualquiera de las situaciones diarias, desde la contratación de nuevo personal en una empresa hasta las relaciones de pareja, pasando por las amistades, las relaciones familiares o el peligro a que nos exponemos. Comencemos el análisis. 

Existe, en primer lugar, la dimensión que hasta ahora había resultado más conocida y transitada. Es habitual calificarla como lo "real", término que en mi opinión no se ajusta a la idea referida. ¿Acaso no es real la ruptura de una pareja por un comentario desafortunado en alguna de estas redes, o mejor dicho jaulas, venenos, candados o escaparates sociales? Sí, este comentario es real, y sí, la consecuencia también lo es pero, como refería anteriormente, están en distintas dimensiones de lo real, hemos estratificado nuestro universo de forma que actualmente una persona puede optar no a engañar o no, sino a tener, simultáneamente y de forma completamente veraz, varias vidas al mismo tiempo.

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Y, digamos, ¿esto no conlleva cierto peligro, cierta desconexión, cierta sensación de permanentes malabarismos, de ir buscando constantemente el punto donde las cuerdas flojas se aúnan y no es tan peligroso andar? 

Podemos tratar de escapar a esta persecución social, podemos aparentar que nos consideramos bohemios, libres, autosuficientes, pero la realidad, por mal que suene, es que ahora mismo hemos dejado de tener esa elección. En realidad en nuestro mundo, si algo comparten todos los estratos es la falta de posibilidades, la falta de libertad real que nos aqueja, enfermedad social de la cual este tipo de nuevos medios dan un exacto y terrorífico testimonio. Cuántas veces se habrá dado la escena de estar en un restaurante, bar, fiesta, excursión (la excusa no nos importa), y ver cómo nuestros amigos o incluso nosotros mismos no nos preocupamos de otra cosa que del efecto que pongamos en la cámara, de con cuántas fotografías hayamos documentado la noche (por supuesto, para recordarla nosotros, en ningún caso porque vayamos a compartirla).

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No nos importa dónde estemos por el hecho de que estemos allí. Actualmente tenemos tantos estratos, tantos campos abiertos a la vez que es imposible que vivamos ninguno, sólo nos dedicamos a oscilar, a dejarnos llevar de uno a otro, siempre viviendo en una galería, colgando nuestro propio cuadro de la pared, jugando en la televisión con algo que es nuestro propio personaje, llorando a través de Facebook por haber cortado con una pareja a la que nunca conocimos. Estamos condenados a ser un holograma y nos hemos convertido en diseñadores del escaparate en que nos vendemos a nosotros mismos.  #Sociedad #Internet