La difunta propuesta de reforma educativa impulsada por el ministro José Ignacio Wert contó con una amplia oposición de la comunidad educativa, dada su naturaleza caciquil, anacrónica y dogmatizante. Uno de los principales puntos de desencuentro de la comunidad educativa con la LOMCE era el papel secundario que otorgaba a las humanidades en el currículum escolar, eliminando asignaturas de gran importancia para el desarrollo humano de los estudiantes, como la filosofía y la música, mientras que la enseñanza de las lenguas cooficiales del Estado quedaba seriamente torpedeada en su línea de flotación.

El descredito de las humanidades no es nada que deba impresionarnos en nuestro globalizado mundo.

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Parece que potencias mundiales están haciéndolas desaparecer de sus planes de estudio, como muestra el ejemplo de Japón, sustituyéndolas por más horas de enseñanza técnica en materias como economía y matemáticas entre otras. Paralelamente, desde los medios de comunicación se insiste en una supuesta necesidad de introducir nuevas asignaturas como la seguridad vial o la formación financiera y bancaria. Nuestro mundo globalizado parece que no necesita del conocimiento histórico o de la filosofía y si de la economía y las ciencias empíricas. ¡Qué triste ceguera!

Importantes mentes han hablado de la necesidad de las humanidades por su capacidad de crear e incitar al pensamiento crítico. Una dimensión fundamental en la democracia. Ser críticos es algo fuertemente importante, más cuando se tiene el recuerdo lo de que una ciencia sin controles éticos puede hacer al mundo y la humanidad, triste recuerdo el de Hiroshima o las selvas vietnamitas inundadas de napalm.

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Sin embargo, las humanidades, cumplen una función, a mi juicio, mucho más importante para nuestras sociedades, dimensión que ha pasado demasiado inadvertida.

Nuestras modernas sociedades tienden al relativismo de los valores. Escudándonos en un todo vale, nos creemos libres de hacer lo que queramos y cuando queramos. La pregunta es: ¿es legítimo esto desde una perspectiva democrática? La respuesta es no. En democracia no todo vale, hay límites, limites que la misma democracia necesita de observar para poderse desarrollar. La democracia necesita de algo que vertebre la sociedad, de unos valores compartidos, unos usos y costumbres democráticos, que diría el genial filósofo Ortega y Gasset.

La historia, la filosofía, la historia de las religiones y la enseñanza de las lenguas permiten crear algo importante para la supervivencia de las comunidades democráticas: un mundo de valores compartidos. Es decir, algo que nos una como sociedad y no nos convierta en monadas aisladas los unos de los otros, presas de un individualismo relativista galopante que nos conduzca al solipsismo y a la pérdida de interés por el otro.

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Las humanidades nos enseñan no sólo a pensar críticamente, como se ha dicho, nos proporcionan un mundo social en el que relacionarnos con nuestros congéneres. Dejemos de enseñar esos valores, dejemos de lado las humanidades y veremos desaparecer el cemento social que nos une. ¿Cuánto tiempo soportará la democracia un mundo sin valores compartidos? Sospecho que no mucho. #Lomce #eduacación #valores morales