Nacer, hablar, empezar a andar, aprender a leer, aprender a escribir, entrar en el sistema educativo. 6 acciones que realizamos en nuestra infancia más primaria. Las cinco primeras se aprenden de manera natural, la última es una obligación. Desde parvulario hasta la ESO, todo es obligatorio. Luego, con el bachillerato, la licenciatura o ciclo y los posgrados es “opcional”. Opcional, pero la presión es tan asfixiante que debes conseguirlo o no eres nadie. Y mejor que mejor poseer una carrera de las complicadas, aunque no sea la vocación del individuo.

Estudios recientes demuestran que el aumento del porcentaje de universitarios en España se incrementa año tras año.

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Pero nadie asegura que los estudiantes estén seguros de lo que estudian ni que una carrera universitaria signifique el camino hacia el éxito.

Se inculca en los institutos. La selectividad se encarga de proclamar vencedores y vencidos bajo un sistema de puntuación que no refleja las cualidades del candidato. Este hecho va para todo el mundo. Mientras apasionados por la medicina se quedan en la estacada por décimas, hay quien entran en periodismo sin una pizca de vocación porque el personal docente del instituto y el entorno se encargaron de vender la moto.

Justo acabados los estudios la mente puede seguir dos caminos: las esperanzas por un futuro mejor o las incertezas y miedos de lo que vendrá. Suelen mezclarse ambos pensamientos. El abismo post-universitario es algo ambiguo. Son años “raros” para la juventud, porque por primera vez se ven cara a cara ante la nada.

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No hay rutinas, rutinas impuestas. El proceso de búsqueda puede comprender desde unos pocos meses a unos cuantos años, donde en ocasiones consigues lo que quieres y te gusta, y en muchas otras, no. No todo el mundo está igual de preparado para afrontar el mundo exterior. Esta etapa es en el fondo genial, para unos más que otros, porque disfrutamos de libertad (siempre hasta cierto punto), sin embargo, se desconoce dónde se puede ir a parar, si aquello que has estudiado y te has currado tanto tiempo será tu profesión futura. Y finalmente, en algún momento aparece la situación del “yo”: quién soy, qué quiero y por qué estoy aquí.

La incerteza es caldo de cultivo y se construye desde un principio en el sistema. No en el sistema educativo, no, sino en el sistema en general, que abduce a la sociedad entera para que nos traguemos la sentencia de que sin una carrera no eres nadie. Curiosamente, cada vez más sucede lo contrario: con una carrera eres menos tú.

Falta orientación personal, falta atención al estudiante.

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La batalla real por el futuro empieza en bachillerato, aunque desde bien pequeños vendan que los que más nota tienen más consiguen ser alguien. La selectividad es el diablo, es el colmo de la superficialidad del sistema, con buena nota entras a la carrera, aunque no sea lo tuyo, si no llegas, estás relegado a ser un trozo de basura de la libre sociedad occidental.

“Lo siento. Haber estudiado más”, dicen. Hay valores intangibles imprescindibles para nuestro crecimiento, y no, no son exámenes ni pruebas de nivel, porque se salen de cualquier racionalidad. Nuestro aprendizaje, nuestra #Educación como personas, no se rige por números, no se rige por notas. Craso error pensarlo. #Universidad #Sociedad Barcelona