Julio, o “Julian” en inglés, es un nigeriano de 34 años que vive en España desde hace siete. Con su enorme sonrisa saluda y pregunta qué tal a cada persona que pasa por delante del supermercado, recordando los nombres de todos los que pasan por allí diariamente. Mientras, alegre, lleva las bolsas y carros de todos los que se lo piden, habla con todo el mundo, pregunta por todos los parientes y se sabe la vida de todos aquellos que se la han contado algún día en un fugaz encuentro. Al recibir algo de limosna por la ayuda, un “muchísimas gracias señor/a” sale de su boca, en ella pintada una enorme sonrisa y una pequeña reverencia de cabeza  en señal de agradecimiento.

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Julio es uno de tantos nigerianos que debido a la gran población de Nigeria, buscan trabajo fuera. Él encontró trabajo de “manipulador”, haciendo trabajos de carga y descarga, hasta que le echaron en 2010. Su mujer trabajaba en el mundo de la hostelería, haciendo pasteles, pero cuando vino al mundo su primera hija también fue despedida con pretextos como el contrato temporal. Lleva dos años cuidando a su familia (su mujer y dos hijas) a base del dinero que recibe en la puerta del supermercado. Vive en un barrio de Carabanchel, en una casa de escasos metros cuadrados que comparten con otra familia. Aún así es “muy difícil  pagar el agua y la luz”, asegura. Y es que al preguntarle sobre su futuro y sus condiciones de vida actuales su sonrisa de borra de su rostro.

Al pasar un hombre  por la puerta y darle un billete diciendo “para los libros de tu hija Julio”, él se derrite en agradecimientos y cuenta que ya tiene 90 de los 140 euros que cuestan.

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Es su primer año en el colegio y cada día cuenta radiante cómo le ha ido. “Hoy lloraba, pero luego contenta”, dice riendo. Enseña las fotos de su cartera orgulloso. Es sorprendente el nivel de inglés que tiene, ya que el idioma oficial de Nigeria es el inglés, pero aún así no consigue trabajo. “Tengo estudios de contable, pero aquí no me homologan”. Aunque su pronunciación aún delata sonidos contaminados, su español es muy rico. De cara al futuro, espera poder quedarse en España, “pero si la situación sigue empeorando, habrá que ir más al Norte”, de repente recupera la sonrisa y añade riendo “pero mis niñas no quieren, les gusta el calor”.

Julio ya consiguió los papeles, pero 200.000 inmigrantes aproximadamente se encuentran en la situación en la que él llegó, ya que la #Crisis económica es la responsable de un fuerte aumento del número de #inmigrantes en situación irregular en España. Esta situación afecta no sólo al trabajador, ahora desempleado, sino a todos los que viven en torno a él.

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En los Estados Unidos, a pesar de las llamadas de atención realizadas por grupos como La Asociación Nacional de Periodistas, la palabra "ilegal" para describir a un inmigrante, sigue siendo cinco veces más común que el uso de la palabra "indocumentado".  Así de claro lo dejaron los responsables nacionales del Sindicato Médico CESM durante el XI Congreso, «enfermo que pase por la puerta, enfermo que será atendido, porque si pide nuestra ayuda tendrá asegurada la atención, no seremos nosotros los que discriminemos», dijeron ante Europa Press.

El debate está en el aire, las políticas que se están llevando a cabo abogan por una mejor economía sacrificando la situación de personas que se encuentran en nuestro país. Hay quienes dicen que si todos nos hundimos, nadie podrá ayudarlos ni a ellos ni a nosotros. Otros dicen que en cuanto a humanidad y ayuda, las fronteras no deben existir, y que la sanidad era uno de los motivos por los que España debía estar orgullosa, y otros lo tachan de utopía. Opiniones hay de todos los colores, y las nuevas medidas han abierto un debate en todos los rincones de España. Lo que no debemos olvidar, es que detrás de cada medida hay historias como las de Julio que se ven afectadas, y que aún así a menudo sacan su mejor cara a pesar de la dureza del día a día.  #Inmigración