La censura franquista impidió que en este país nos enteráramos, pero quienes oían las radios extranjeras por onda corta (aun no existía Internet), sí tuvieron noticia de ello. El violoncelista catalán #Pau Casals, a sus venerables 95 años y dos antes de su muerte, el 24 octubre 1971, acudió a la sede de la #ONU en Nueva York.

El motivo era que se le otorgó la Medalla por la Paz de las Naciones Unidas, que le entregó su entonces Secretario General, el birmano U-Thant. Y con dificultad, pero con voz firme, debido a sus achaques, pronunció un emotivo discurso en inglés que conmovió a todos los representantes de los países presentes. 

Recordemos a quienes no conocen su apasionante biografía, que desde que tuvo que huir al exilio en 1939, a sus 63 años, nunca dejó de luchar por la paz, de añorar su querida #Cataluña, entonces oprimida por Franco, ni de ser ejemplar en su carrera musical, que ocupó más de 70 años por todos los escenarios del planeta.

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Su violoncelo, en su juventud y madurez, siempre le acompañó.

Durante años, rechazó actuar en muchos sitios por su insobornable compromiso con la paz. En 1954, le ofrecieron ser President de la Generalitat en el exilio, después de la dimisión de Josep Irla, lo cual rechazó, pues no se veía capacitado para el cargo, el cual tomó otro Josep, Tarradellas.

“Sobre todo, soy catalán. Hoy, Cataluña ha quedado reducida a unas provincias de España. ¿Pero qué fue Cataluña? Fue la nación más grande del mundo. Os diré por qué. Cataluña tuvo el primer Parlamento, mucho antes que Inglaterra. Y fue en mi país donde hubo las primeras Naciones Unidas. En aquella época, siglo XI, se reunieron en Toulouse, hoy parte de Francia, para hablar de paz, sí, de la paz, por que los catalanes de aquella época ya estaban contra la guerra. Por ello, la ONU, que trabaja únicamente por el ideal de la paz, está en mi corazón, por que todo lo referente a la paz va directamente asociado”.

Después, interpretó con su legendario violoncelo El Cant Dels Ocells, la canción popular catalana que él hizo mundialmente conocida.

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Ya la había tocado en la misma ONU en 1963, y también en la mismísima Casa Blanca, ante Kennedy, el cual quedó inmensamente emocionado. Casals, en 1971, dijo de ella que “los pájaros, al cantar, hacen ‘Peace, peace, peace’ “ (paz, en inglés, y juego de palabras con el piar de las aves), y que formaba parte de su añoranza por volver algún día a Cataluña, a la cual volvió en 1979, póstumamente, seis años después de su muerte. Antes, tuvo que estar enterrado en Puerto Rico, de donde era su madre, y su tumba está en su pueblo natal, El Vendrell.

No sabemos si el maestro hoy pensaría lo mismo de cómo la ONU es hoy en día, o de las guerras posteriores a su desaparición física, pero él fue de aquellas personalidades históricas que sentían de verdad lo que decían. Un músico genial, riguroso, que no soportaba que nadie tosiera mientras él interpretaba a Bach, su músico más admirado. Merecería una serie de televisión o una película sobre su vida, tan interesante como las de maestros como Giuseppe Verdi o Mozart. Muchos premios merecía, pero él no era amigo de ellos.

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