Ya lleva tres días en la puerta del #hospital General Universitario de Elda (Alicante). No se queja, simplemente espera paciente a que salgan sus amigos, Sandra y Manuel. Curioso ya de por sí, este caso se torna entrañable y digno de contar cuando se trata de una #Perra: Maya. "Es una mascota muy #fiel, siempre está alerta de todo, es intuitiva y sin duda destaca por su simpatía, ha conseguido ganarse el cariño de todos, la verdad es que tengo muchas ganas de poder volver a verla", asegura Sandra.

Todo empezó a la vuelta de las vacaciones, cuando la joven Sandra, su padre Manuel y la fiel mascota volvían de sus vacaciones en Granada de camino a Barcelona.

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La chica comenzó a sentirse indispuesta y pararon en el hospital de Elda, donde fue ingresada y operada de apendicitis. La perra quedó esperando en la puerta y desde entonces no se ha movido. ""Aunque lleva correa, no está atada, pero no se ha movido de su sitio", asegura el padre.

En el hospital es "el juguete" y todos aseguran estar "encantados" con ella. "Su presencia no ha supuesto un problema. Todo lo contrario", asevera Juana Requena, subdirectora médica del centro, a Verne. De hecho, el centro médico hizo eco de la historia en Facebook donde ya han reaccionado más de 2000 personas. De hecho, según su dueño, gente de otros pueblos se ha ido acercando a la puerta del hospital para hacerse fotos con el can.

Terapia con animales ¿sí o no?

Esta entrañable historia de fidelidad no queda ahí, sino que ha abierto el debate sobre el efecto terapéutico que pueden tener los animales en la recuperación de las personas.

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Según defiende Juana Requena en su entrevista con Verne, es algo que ya se han planteado en el dentro como algo "terapéutico" y que debería llevarse a cabo formalmente, "no solo debemos asegurar la asistencia sanitaria; también es importante lograr una alta calidad a la hora de acoger al paciente".

Una historia muy similar hace 100 años

No es la primera vez que la fidelidad de un perro se manifiesta hasta sus límites más insospechados. Tal fue el caso de Hachikō, el perro japonés que hace un siglo murió en la puerta del metro esperando la llegada de su dueño, quién había fallecido a consecuencia de un infarto y nunca pudo volver a recoger a Hachiko. Miembros de la familia intentaron recoger a la mascota, quien una y otra vez se escapaba para ir a esperar a su dueño al lugar habitual. Hoy en día se erige una estatua en honor al can.

No es casualidad que el perro japonés y Maya sean de la misma raza, la Akita, una especie cercana al lobo y muy "gregaria", tal y como asegura Manuel: "Maya está acostumbrada a acompañarme en mis excursiones en la alta montaña, que duran hasta cinco horas, y siempre muestra ese carácter".