“No soy de aquí, ni soy de allá. No tengo edad, ni porvenir. Y ser feliz es mi color de identidad.” Con estas maravillosas palabras comienza el estribillo de una de las canciones más populares de Facundo Cabral, compositor y cantautor Argentino. Exiliado de su país natal, aprendió a vivir como nómada, en constante estado de incertidumbre. En este artículo analizaremos esta realidad. Realidad cada vez más familiar para todos, ya que como bien dijo #zygmunt bauman, vivimos en una modernidad cada vez más líquida, movediza, de largos despegues y aterrizajes. Una realidad de despedidas, de te extraños, de relaciones de corta duración.

Aún recuerdo el día en el que subí al #avión.

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Mi madre y mi hermana estaban conmigo. Mi padre no. Ya por aquel entonces aprendí el “te extraño”. Aprendí la longitud del océano y que cuando en Uruguay hace frío en España hace calor. Y ahora se acerca el verano. Miles de jóvenes de todo el mundo se desplazan hasta la ciudad de Barcelona. Muchos siguen en barco hasta la isla de Ibiza. Otros se desplazan hacia el Norte de América, donde se ha prometido calidad de vida. Algunos, se mueven hacia el oriente a encontrarse con su espíritu. Todos dicen “chau”, “adiós”, bye – bye”, “au revoir”, “adieu”, “ciao”, ”sayonara”, “zdravo”, “zbohom”, “oala”, “zbogom”, kata perpisahan". Algunos tienen fecha de regreso, otros no. Algunos ya no volverán y aprenderán a adaptarse. Aprenderán  a ser agua. Unos pocos vivirán con mucho, otros muchos vivirán con poco.

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Y se conocerá el valor del suelo, de la moneda, del trabajo. Hasta que aquel trabajo te ate, o el amor, o el buen clima. Entonces decides quedarte.

Ya has dicho “adiós”, te has adaptado y te has hecho agua. Entonces el “te extraño” ya es parte de tu vida. Vives con ello. Vives de a momentos aquí y de a momentos allá. Te obsesionas con las redes, el teléfono y la telepatía. Crees que pueden escucharte y te los imaginas felices. Comienzas a usar el skype, pero de alguna forma no es lo mismo, entonces lo dejas. Hablas cada vez menos y usas más la telepatía. Te centras en tu vida aquí. Incluso haces una lista de los muchos pros de esta nueva vida. Conoces a alguien maravilloso que también ha estado aquí y allá y ahora está aquí. Sientes que te comprende, pero te dice que a lo mejor no se queda aquí por mucho tiempo.

Entonces el tiempo es corto e intenso. Hasta tienes la sensación de estar viviendo muy deprisa. En un futuro casi inmediato, pero no presente. Ya te has enamorado, tienes trabajo y hay buen clima. Entonces decides ir de visita al que fue tu país natal. Subes al avión. Han pasado siete años sin volver. Estas nervioso. Arranca el motor y poco a poco despegas. Abandonas tierra firme. Ahora más que agua eres aire, vuelas en silencio y miras por la ventanilla. De pronto te sientes doblemente afortunado.

Tienes dos familias, una por aquí y otra por  allá. #modernidad líquida