Llegar a Caracas y apreciar esa montaña que bordea la ciudad, es darle al espíritu una fresca sensación de naturaleza y más aún cuando nos adentramos a sus faldas, a sus laderas o picos y desde arriba apreciamos la ciudad. Subir al Cerro Ávila,  es respirar el aire puro que plantas y árboles le dan a todo el que desea tener otra visión de los que es Caracas.

Con toda razón el pintor Manuel Cabré, nacido en España y venezolano por haber llegado a los 6 años a Caracas, fue un enamorado de la montaña;  la pintó desde todos los ángulos y le dio los colores del alba y el atardecer.

No sólo fue homenajeado el Cerro Ávila a través de la pintura, también el cantante y compositor venezolano Ilan Chester, escribió las estrofas mas lindas que hablan de la belleza y la inmensidad del Ávila ubicándolo en un viaje que va "de Petare a la Pastora donde contempla la montaña que decora su ciudad".

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En esta canción Ilan también habla de la fauna y la flora del lugar y cómo no hacerlo porque es tan variada que muchos  naturalistas y científicos  como Alejandro de Humboldt, Gottfried Knoche se cautivaron con la riqueza natural de la montaña.

Declarado como Parque Nacional en 1958, el Cerro Ávila, no es  sólo  un pulmón vegetal para los caraqueños sino también funge como lugar deportivo, turístico y comercial. Para acceder a él se puede tomar el teleférico en Maripérez, subir en rústico por la entrada de Cotiza, al lado de San Bernardino, entre otros lugares.

Si la idea es hacer ejercicios hay diferentes entradas de este a oeste o viceversa por las urbanizaciones que están cerca de la montaña: San Bernardino,  La Florida, Altamira, Sebucán… hasta el Marques.

Cuando el turismo es razón para subir, los lugares ideales en el Cerro son: El Camino de los Españoles, Galipán y Los Venados donde se pueden encontrar frutas propias del lugar como fresas, duraznos y en algunos establecimientos venden dulces criollos, sandwiches de pernil.

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También  vegetales y  flores frescas  se encuentran en los sembradíos de las pocas familias que habitan en el lugar.

Para disfrutar del Cerro, no hace falta subirlo, es suficiente con alzar la mirada y contemplar los matices de verdes y amarillos en cielo en contraste con el cielo azul de día y con betas rosas al atardecer o caminar los domingos por la autopista que bordea la montaña y sentir la frescura de su vegetación al andar por un lado.

Para vivirlo de una u otra manera, el Cerro es uno de los placeres que los habitantes de Caracas y los viajeros del país o el mundo, pueden disfrutar al máximo sólo con venir y entrar en su misteriosa manera de hacernos sentir felices y en calma. #Arte #Ciudadanos #Venezuela