Una de los cientos de decisiones de la dictadura franquista que hicieron un daño irreparable a este país, en vez de los “gloriosos beneficios” sostenidos por sus afines y por los conservadores que en el fondo creen que aquel Régimen fue incomprendido y atacado por envidiosos desde el extranjero, fue la purga, no al estilo estalinista, sino marginando y mandando al exilio a las víctimas, y sustituyéndolas por gente afín.

Perjudicó a la JAE (Junta para Ampliación de Estudios), creada por el científico Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel en 1906 y todo un sabio, que investigó sobre el sistema nervioso, descubriendo que las neuronas eran independientes, entre muchos hallazgos.

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Becaba a científicos españoles para que pudieran estudiar en prestigiosas Universidades del extranjero. A través del Instituto Cajal se gestionaba la JAE.

Él murió en 1934, así que no pudo ver en vida lo que Franco, recién llegado al poder, cometió con su legado: varios científicos, discípulos de Ramón y Cajal, se exiliaron a países como México o Canadá, donde sin problemas continuaron su labor. Otros fueron depurados y acusados incluso de ateos, en la obsesión franquista de “recristianizar la sociedad” y querer “restaurar la clásica y cristiana unidad de las Ciencias destruida en el siglo XVIII”. Pusieron al frente del Instituto Cajal a científicos próximos al Opus Dei y otras instituciones religiosas. Uno de ellos fue ordenado sacerdote después, así quedaba clara la obsesión del Régimen.

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Lo peor es que los científicos “colocados” ahí no tenían conocimientos de Histología, la especialidad de Ramón y Cajal en la Neurociencia, sino otros, como uno que era experto en vino, pero para nada en esa actividad científica.

Eso sí, querían utilizar el prestigio internacional que el Instituto Cajal tenía, obsesionados en su dualidad de encerrarse en sí mismos (“Lo bueno de aquí y lo malo de fuera”, se decía entonces, unido a aquello de la Reserva Espiritual de Occidente), pero al mismo tiempo querer influir en el extranjero, algo que nunca fue importante, pese a lo que decía la propaganda del Régimen.

Todo esto es denunciado por un libro publicado en Gran Bretaña por Ashgate, Políticas científicas y dictaduras del siglo XX, con aportaciones de prestigiosos científicos y profesores, que recuerdan que el franquismo quería liquidar lo que según ellos fuera materialista o “antiespañol”, término éste último en el que cabía todo lo que fuera en contra de las creencias del general y de sus acólitos, incluso de quienes criticaban los defectos españoles, la Inquisición incluida, institución que era glorificada por el franquismo y echaban a los judíos la culpa de todo. #Investigación científica #Política Madrid #Historia antigua