Recientemente, la película Trece minutos para matar a Hitler, del mismo cineasta alemán de la magnífica El hundimiento (donde hablaba también del Führer, pero de sus últimos días en el bunker de Berlín), reconstruía el poco conocido intento de atentado contra Adolf Hitler en 1939, fracasado al no haber llegado puntualmente el Führer al lugar.

Pues durante su salvaje dictadura, Hitler tuvo varios atentados, unos consumados como el de la Operación Walkiria en 1944, que no le mató, pero le dejó secuelas (también llevado al cine en varias ocasiones).

Ahora, el historiador americano Robert Rockaway dice que descubrió casualmente documentos que demuestran algo desconocido para las generaciones actuales: en 1933, poco después de llegar al poder en Alemania, los judíos ya planeaban matarlo, presintiendo su obsesiva persecución a su raza, con las trágicas consecuencias que sabemos: seis millones de judíos exterminados.

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Esta historia se la contó a Rockaway un viejo mafioso de Nueva York, de la Mafia judía, conocido por Dutch, ya retirado en Israel, el año 1988. Y como si fuera una película de gángsters, todo empezó en 1933. Entonces, Hitler ganó las elecciones en Alemania y el Presidente Oskar Von Hindenburg le nombró Canciller (así se llama en Alemania al Primer Ministro).

La población judía de EE.UU. conocía bien las pretensiones fanáticamente antijudías de Hitler (por ejemplo, en un panfleto usó el cartel del actor Peter Lorre en la película M, el vampiro de Düsseldorf, para mostrar que los judíos, y Lorre era judío, eran todos como el personaje del pedófilo asesino de niñas que interpretaba). Empezaron a manifestarse ante los Consulados alemanes en Norteamérica.

Dutch recibe una proposición de ir a Alemania y matar a Hitler. Se le ofrece una recompensa de 2.500 dólares de la época.

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No obstante, según Rockaway, rechazó la oferta.

El historiador, después al investigar en los archivos del FBI, encontró documentos que corroboraban esta historia. Encontró una carta firmada por un tal Daniel Stern, dirigida al Embajador alemán en Washington, que decía: “Señor, Yo pedí al Presidente Roosevelt que protestara públicamente contra su Gobierno por los ultrajes cometidos respecto a los judíos. (…) Si no hacen nada, les comunico que me personaré en Alemania para asesinar a Hitler”.

Este atentado podría haberse llevado a cabo, pero el FBI de la época, que temía un incidente diplomático con la Alemania nazi, llevó a cabo una investigación por todo el país para evitarlo. Se investigó sobre todo en las grandes ciudades. No se pudo encontrar a Daniel Stern y la investigación se abandonó en septiembre de aquel año.

Todo esto lo cuenta Rockaway en un artículo publicado en Tablet, una página web, y el diario francés Le Figaro lo ha recuperado, de ahí que hablemos de esto, por su gran interés histórico.

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Quienes hayan sabido de esta historia, igual que después de ver la película mencionada en el principio de este artículo, se preguntarán qué habría pasado si Hitler hubiera muerto antes de poder empezar la terrible Solución Final (su plan de exterminio de los judíos en los campos de concentración, con las famosas cámaras de gas). Con él muerto, quizás el nazismo se habría visto privado de su líder, ya que ninguno de los hombres de confianza suyos tenía su mismo carisma, y la II Guerra Mundial, que provocó 50 millones de muertos en medio planeta, nunca hubiera ocurrido. Pero son sólo conjeturas. #Historia antigua #Historias