Leemos en el diario francés Le Monde que Joan Punyet Miró, nieto del gran pintor catalán Joan Miró, fallecido en 1983, que pondrá en venta 28 cuadros pintados por su abuelo para una buena causa, que irán a una institución humanitaria, a la cual el abuelo ayudó hace medio siglo, en 1965, cuando su hija sufrió un grave accidente, que le salvó la vida.

En una entrevista concedida a la casa Christie’s, que hará la subasta, Punyet Miró dice: “Para él [mi abuelo], las asociaciones humanitarias tenían el poder de hacer algo diferente, durante los peores momentos de sufrimiento, como el que estamos presenciando ahora en Siria”.

Según sigue diciendo Punyet Miró, Joan Miró se mostró desde aquellos días “extremadamente generoso con la Cruz Roja” por salvar a su hija.

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Además, en 1970, cinco años después, Miró donó su Tapicería de Tarragona al hospital en donde ella fue curada.

Joan Miró no necesita presentación, al menos para las generaciones más veteranas, aunque para las más jóvenes (han pasado 32 años y medio desde su muerte) quizá necesite que digamos que fue un gran pintor, especializado en obras abstractas, mundialmente famoso, tanto como Pablo Picasso, aunque el malagueño ya vivía en Francia desde entonces.

De él es, por ejemplo, el mural del Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid, situado enfrente del Estadio Santiago Bernabéu. También fue creación suya un tapiz que estaba colgado en el vestíbulo de uno de los edificios del World Trade Center de Nueva York, desaparecido en medio de los escombros de aquellos dos enormes edificios, arrasados por los terribles ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

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Pese a ser republicano, Miró se exilió a Francia durante la Guerra Civil española y no volvió hasta 1940, con el franquismo recién instalado y aliado con los alemanes que sometían al país que le había dado asilo.

“Mi abuelo conoció el hambre, el exilio durante la Guerra Civil, la II Guerra Mundial. Conocía los campos de #Refugiados, siempre quiso ayudar a los refugiados, a las personas desfavorecidas y exiliadas”.

Con la venta, Punyet Miró confía en recaudar unos 50.000 € para donarlos a la Cruz Roja. Ésta institución es una de las muchas que han ayudado en lo que han podido a los refugiados de la guerra en Siria, donde después de cinco años de conflicto, ciudades arrasadas y demás, casi cinco millones de personas han huido de allí.

Él cree que “Si continúa esto así, lo que pasa ahora en Siria, podría algún día ocurrir en España”. Seguramente lo dice por lo que este país pasó no sólo durante tres años de guerra civil, sino por los miles de refugiados y exiliados que hubo, huyendo de la dictadura franquista, teniendo que huir como pudieron a otros países donde rehicieron sus vidas, muchos de ellos no regresando jamás.

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Una tragedia colectiva que no era muy diferente de la que ahora sufren los sirios.

Lo que pasa es que los exiliados de nuestro país huyeron en buena parte a Latinoamérica (este cronista tiene dos tíos que rehicieron su vida en México y allí se quedaron), donde se les acogió con los brazos abiertos. Todo lo contrario de lo que han visto los sirios al intentar pedir asilo, donde sólo unos pocos les han ayudado.