Hace unos días, el escritor Félix De Azúa, que hace unos años decidió irse de Barcelona a Madrid por que decía que el ambiente en Catalunya es “irrespirable” o descrito con adjetivos peores, fue elegido Académico de la Lengua Española, en el sillón H mayúscula.

Pues ha vuelto a la actualidad con esto: hablar mal de la alcaldesa progresista de Barcelona, Ada Colau, y en vez de decir que la ve simplemente incapacitada para gobernar una ciudad importante, se le ocurre decir que “debería estar vendiendo pescado”, lo cual se le ha vuelto en contra, incluso de los que piensan como él, dado lo machista y anticuado de la definición elegida.

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Pues Antonio Baños, ex portavoz de la CUP en el Parlament de Catalunya, publicó en el diario digital catalán Mon.cat un artículo titulado “Con un par, Félix” (así, en castellano el título), para reflexionar no sólo sobre De Azúa, sino también de lo que se ha convertido buena parte de la progresía española, sobre todo la que piensa como los editorialistas del diario El País.

Empieza recordando que hace un año se eligió Académica de la Lengua a la catalana Clara Janés, apenas la 10ª mujer elegida por la institución, donde ha habido muchos Académicos machistas, tanto de derechas como de izquierdas.

“El último ejemplo de la potencia intelectual del Reino ha sido el ‘Amigo Félix’ (De Azúa) con aquello tan fino sobre la Colau y las pescaderas. Hace nada le veíamos vestido de Groucho acompañado por Harpo Vargas Llosa en la apolillada ceremonia de aceptación en el grupo del ‘Limpia, Fija y da Esplendor’. Como rito de paso, el amigo Félix ha hecho reír a los machos alfa de la jaula. Hacerse digno de la trayectoria de otros chulos como Cela, Pérez-Reverte o el mismo Marqués de Vargas y Archiduque de Villa Meona. En muchos países, ser miembro de la Academia es sinónimo de sabio. En la española, lo es de ‘cani’ ”.

Hace un repaso después a los progres españoles y su decadencia imparable: “España vive un proceso de ‘jurassicparkitación’ de las instancias culturales hegemónicas del ’78. Es decir, exhiben sus dinosaurios en el circo mediático, en donde defienden, como aquellos orates de los últimos de Filipinas, los poderes que les han dado de comer”.

Y los intelectuales catalanes tampoco se salvan: “Su ‘progresismo fofo’, imprescindible para solidificar la Monarquía del ’78, es hoy incomprensible y aburrido. Vivieron de una ética de la pedantería y de una estética del servilismo hecha de novelita inocua, hedonismo ‘pixapins’ y gastronomía de fusión”.

Recuerda al final de que de esta gente nació el partido Ciudadanos, del cual De Azúa fue co-fundador.

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Recuerda cómo “la lucha contra el pujolismo merecía un premio mejor, pensaron miembros destacados del grupo al ver que el Govern Maragall no hacía del nacional-cosmopolitismo español la doctrina de la Generalitat. Cabreados, se quitaron el barníz de fatua moderación y salió su verdadera naturaleza: eran pijos. Clasistas, machistas, ignorantes y con la prepotencia intelectual de quien lo ha tenido todo pagado: premios, becas, cargos, cátedras…”

Un artículo que muchos seguramente compartirán, dadas las críticas que hay contra estos señores que hace años eran paradigma de lo moderno y el igualitarismo, de la tolerancia y el querer conocer muchas culturas y puntos de vista. Y sobre todo contra El País, que ya no es lo que era, después de su giro a un conservadurismo “de izquierdas” y la marcha de varios periodistas que estaban ahí desde su fundación en 1976. #Libros #Cultura Barcelona #Cultura Madrid