Se vendió a bombo y platillo la manifestación protaurina en Valencia de ayer, convocada por la pretensión del nuevo alcalde valenciano de prohibir las corridas en su ciudad, apoyada por gente variada, desde políticos a artistas, intelectuales y los propios toreros. Pero el número de manifestantes, que apenas fueron 20.000, no ayuda mucho a que pensemos que la Tauromaquia está todavía fuertemente enraizada en la cultura del país.

Si la Prensa extranjera, que no está atada a intereses de empresarios taurinos y ganaderos, dice cada vez más claro que los españoles que todavía quedan como fervientes admiradores de éste arte ya apenas son un 29 %, y entre ellos la gran mayoría es gente muy mayor, sólo nos queda decirles a los protaurinos que deben reciclarse, hacerlo de otra manera, o se condenan ellos mismos a que la Tauromaquia se muera de vieja, es decir, como esas formas de ser anticuadas que incluso la gente de edad deja de lado poco a poco.

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Catalunya nunca vio como propia del todo la Tauromaquia, es más, la adaptaba a su gusto (los “correbous”, donde el animal no muere, aunque también le hagan sufrir), pero con naturalidad decidió relegarla, como algo ajeno a sus costumbres, tanto tradicionales como actuales, hasta que ya sólo quedaban las corridas de toros de la Plaça Monumental de Barcelona, que si se llenaba era gracias a turistas y gente venida de otras zonas del Estado español.

La Ley aprobada por el Parlament catalán, celebrada incluso en el extranjero, fue lo que confirmó lo que ya era un clamor: que los toros ya no son ni cultura, ni muestra de la nobleza del ser humano ni nada de eso. Igual que los leones en el Imperio Romano, que al caer éste y llegar la cristiandad al poder, abolió aquellas peleas de gladiadores y esclavos con el voraz león como parte imprescindible del espectáculo.

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Hay que ir evolucionando. Películas épicas como “Ben-Hur”, “Quo Vadis” u otras que mostraban la vida cotidiana del Imperio Romano mostraban esos espectáculos con todo detalle, pero no mitificándolos como si hubiera que retomarlos para divertimento de la sociedad actual. Sólo como muestra de la lucha del ser humano contra las adversidades.

Es verdad que los toreros han sido, sobre todo para los extranjeros, tipos dignos de admiración en lo del coraje, incluso objeto de deseo, sexual sobre todo, para muchas mujeres, ansiosas de aventuras apasionadas. Pero eso también necesita reciclarse, sobre todo sabiendo que el mundo de los toros conserva un machismo que deja a los Picapiedra como feministas a su lado. Y eso les ha perjudicado, tanto a ellos como a la propia España, criticada desde fuera con razón por cómo tratan ellos a las mujeres.

Y ello sin olvidar que el Parlamento Europeo tampoco apoya financiar las corridas, con las ideas claras y sin dejarse impresionar por presiones de los protaurinos, cada día más aislados en medio del planeta Tierra.

No sabemos si Ernest Hemingway, gran escritor, seguiría apoyando hoy en día las corridas de toros, cada artista es hijo de su tiempo, de su época, y hay que entenderla en su contexto coyuntural.

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U Orson Welles, gran cineasta y actor, además de otro gran admirador de los toros. Siendo ambos artistas polifacéticos, habrían encontrado otros motivos artísticos para admirar o desarrollar. Hay tradiciones que son como los aparatos electrónicos que en su momento eran imprescindibles, y hoy ya son aparatos de interés casi arqueológico o nostálgico, superados por los avances de la técnica. #Animales #Educación