Barcelona se despierta un día más entre el caos generalizado, en un colapso que crea infinitas colas de vehículos por las carreteras y millones de personas afectadas por una huelga de transporte que transcurrirá durante toda la semana y que se prevé no alcance un acuerdo favorable a los trabajadores para que los servicios retomen la normalidad. Esta convocatoria se desarrollará en lunes y miércoles para los servicios de metro, martes y jueves para los de autobuses y para los de  RENFE el viernes.

Entre este terremoto social, que ve como movilizarse por la ciudad es más que una odisea, encontramos tres frentes abiertos dignos de estudio: Por un lado, encontramos a los trabajadores, convocando una huelga que afecta a unos usuarios que pagan sus impuestos y sus abonos de transporte a la empresa que gestiona el servicio y que por lo tanto, crea un circulo muy peligroso socialmente hablando.

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Pero si vamos al fondo de la cuestión, nos encontramos con una paralización de los servicios por una demanda que, no como todos los medios de comunicación han publicado, es meramente económica. Deben saber que desde 2012, dichos trabajadores vieron congelados sus salarios y sus condiciones laborales son, en muchos casos, de precariedad. Y dentro de estas negociaciones, en vista al fin del convenio de los trabajadores, su demanda, además de ver retribuida su percepción salarial en 150 euros mensuales, es el fin de dichos contratos, incluso si la situación lo requiriese, disminuir ese aumento salarial, siempre pensando en el compañero afectado por la precariedad. Aunque aquí no acaba todo, ya que dicho sindicato recrimina a la empresa el baile de directivos constante y que estos, donde les pedían austeridad, han visto a parte de ellos aumentar su retribución a más del 14,27%.

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Hace cuestión de diez años, para acceder a la bolsa de empleo de los transportes de Barcelona, había que cumplir una serie de requisitos y pasar diversos procesos de selección. Una vez cumplidos todos estos, debías cubrir durante tres veranos los turnos de los trabajadores y así optar a quedarte con el puesto de un futuro trabajador jubilado o pre-jubilado. Pero según los propios trabajadores, este sistema ha cambiado, encontrándose con periodos de siete veranos, con turnos rotativos y cambios continuos para luego conseguir optar a jornadas de substitución, temporales, de fin de semana o como máximo jornadas de un 75% de las horas. Eso conlleva a un número (sin determinar) de trabajadores que no cumplen las cuarenta horas semanales. Por ello, el sindicato exige que en el nuevo convenio, se cumpla con una reforma hacia ellos para poder ofrecer un mejor servicio al usuario.

El tema ha escamado de tal manera en la ciudad, que incluso hemos podido leer en diversos artículos, donde se cita unas declaraciones de la concejala de movilidad del ayuntamiento de Barcelona afirmando el rechazo del sindicato de un aumento de 360 euros anuales, cuando estos, según afirma, perciben como salario mínimo de 29.000 a 33.000 euros anuales, lo cual ha sido desmentido por los propios trabajadores.

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Incluso la  alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se ha pronunciado sobre el tema, donde cree que es un acto desmesurado y que de aceptar las propuestas de los trabajadores, hubiese repercutido en impuestos y tarifas más elevadas para el usuario.

Y así terminamos, terreno pantanoso con unos trabajadores que exigen el fin de la precariedad y un aumento de sus salarios en contra del aumento de los salarios de sus directivos, con el fin de ofrecer un mejor servicio a un usuario que no encuentra una solución a una problemática que afectará a millones de personas durante una de las semanas más importantes para la ciudad. #Huelgas #Crónica Barcelona #Sociedad Barcelona