Los terremotos, como los que están azotado estos días algunos lugares de España, especialmente del sur, no son cosa nueva. El Instituto Geográfico Nacional ha cifrado en 25 los terremotos que se han sentido en la última semana, tras el del pasado 25 de enero, que fue percibido en Málaga, Melilla y el mar de Alborán, llegando a los 6,3 grados de magnitud.

Andalucía se sitúa entre las placas euroasiática y africana, situando así este territorio, junto a la zona de Levante, en un lugar especialmente sensible para los movimientos sísmicos. Esta es una de las explicaciones acerca de los terremotos que detalla Diego Vázquez, gerente de Platalea, una asociación onubense que promueve la naturaleza y el patrimonio de la provincia de Huelva.

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Vázquez coordina recorridos por la ciudad de Huelva para explicar no solo qué hacer en un #Terremoto, sino para enumerar las consecuencias que tuvo en la ciudad uno de los más históricos, un terremoto que los habitantes de Huelva tienen y tendrán siempre presente, pues muchas de las piezas arquitectónicas de la ciudad quedaron destruidas tras el mismo. Un movimiento sísmico que ocurrió en Portugal, pero que provocó derrumbes en Andalucía, especialmente debido a las diferentes réplicas que produjo.

Se trata del terremoto de Lisboa de 1755. El 1 de noviembre de ese año, entre las 9.30 y las 9.40, se produjo un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter, que terminó con la vida de entre 60.000 y 100.000 personas. Se produjo a 300 kilómetros de Lisboa, en el Oceáno Atlántico.

La catedral de Huelva, la Merced, fue uno de los templos que mejor sobrevivieron al derrumbe, tal como explica Vázquez durante este recorrido que se integra en las actividades que realiza Platalea para recuperar la riqueza cultural al y artística de la comunidad.

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Así, Vazquez detalla la cantidad de edificios, aún visibles en la ciudad, que quedaron derrumbados o dañados como consecuencia de aquel terremoto, al que le siguió un maremoto, y que provocaron la destrucción casi total de Lisboa, interrumpiendo las ambiciones coloniales en el siglo XVII de este país.

“Nosotros vivimos en la corteza de la Tierra, que está sobre un manto. Está la corteza oceánica y la continental, que es la nuestra, y las placas en las que se divide la tierra van chocándose unas con otras, formando un movimiento muy lento, y acumulando tensiones. Una tensión que se libera con mucha energía y que es la que provoca el temblor.  Las fallas también son causas del terremoto, y entre la placa euroasiática y la placa africana nos situamos nosotros, es una zona de riesgo, aunque más en el Levante”, explica el responsable de Platalea.

Antonio Jacobo del Barco, hijo del corregidor de la época en Huelva, escribió una relación de daños, así como una explicación del terremoto, tal como detalla Vázquez, que lo cita: “Como otros temblores que hemos padecido, esto duraría como un minuto, y habiendo sosegado por varios instantes, repitió el ruido mucho más espantoso, siguiéndolo un movimiento de ondulaciones hacia un lado y otro de todas las paredes”.

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