Nuestra primera intención es, si hay una ley se tiene que cumplir. Hay una lógica de no estimular el consumo de ciertas sustancias, por ejemplo el alcohol, y por esa razón está prohibida su publicidad. La otra cuestión no atañe solo al contenido del mensaje también a la propia publicidad, la contaminación visual. Cada vez hay una mayor sensibilidad y movimientos críticos ante la ocupación de la publicidad en las ciudades. Una corriente cada vez mayor de estos colectivos abogan por una menor contaminación y sobre todo recuperar los perfiles arquitectónicos de la ciudad.

Muchas son las reliquias que podemos hoy en día contemplar en las esquinas de nuestras calles, también las carreteras (las primeras afectadas por esta reducción), esqueletos de vallas publicitarias, incluso alguna antigua marquesina, parece que la inercia de los tiempos es intentar limitar el impacto de la publicidad en los espacios públicos.

Anuncios
Anuncios

El primer paso ya se ha dado en los campos, y en lugares Naturales, parajes por su peculiaridad, y en las autovías y autopistas (no de entrada a las ciudades donde abundan por doquier) por el peligro que podría suponer su existencia en la atención del conductor, son casi inexistentes las numerosas las vallas publicitarias que en nuestra infancia contábamos en esos viajes interminables a Gandía.

Esta publicidad es abundante en las entradas a las ciudades pero a campo abierto su presencia es circunstancial. La contaminación publicitaria en las ciudades por sobreexposición visual es más llamativa. Alejandro Perales Albert, Presidente de la Asociación de usuarios de la Comunicación, señala “la publicidad es una actividad completamente lícita, hay ciertos lugares como la ciudad que dependiendo del impacto sonoro o visual que pueda tener, se podría limitar” aunque, “La desaparición de la publicidad completamente en las ciudades es más discutible, ya hay una sobresaturación de estímulos suficiente en las urbes, más allá de la publicidad”.

Anuncios

Hay espacios particulares, en el propio Madrid el caso de los anuncios de Callao, que es una pantalla que se ve y se oye, o soportes demasiados grandes, señala Alejandro, “pueden ser limitados o suprimidos, pero no exactamente por contaminación… La discusión de la prohibición de la publicidad en los espacios urbanos, no es tanto legal como estética”. #La economía hoy