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“Nuestra sociedad actual nos ha llevado a un desequilibrio en el que ponemos toda la atención en lo exterior, olvidándonos de nuestras necesidades, motivaciones y movimientos internos. Vamos por la vida en piloto automático. Mindfulness es un regreso al cuerpo, a nuestros sentimientos, a nuestras emociones y estados de ánimo, a conocer nuestros patrones y automatismos, a ponernos en contacto de nuevo con nosotros mismos, con nuestras necesidades y motivaciones”.

De este modo introduce Santos Martín, terapeuta e instructor de Mindfulness en la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, un primer concepto acerca de esta tendencia que está revolucionando a la sociedad y que, como ha ocurrido con otras opciones como el running, tiene cada vez más adeptos. 

Santos matiza que Mindfulness no es un conjunto de herramientas, sino “un estado de conciencia que aparece cuando se presta atención al momento presente, a lo que sucede”. Una percepción para la cual es fundamental “la actitud de aceptación y no juicio”.

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“Nada es bueno ni malo, somos nosotros quienes valoramos”, explica el profesor, que añade además que también es un pilar clave “la compasión, una comprensión amorosa tanto interna como externa, de la que actualmente carece la sociedad”. “Inculcamos la culpa, no hay amor, que se da cuando aceptamos que lo que nos pasa es inherente al ser humano; pensamos por ejemplo que está mal sentir odio, pero no es así; ya luego está cómo actuamos con lo que sentimos, como lo acogemos”, concreta Martín.

Mindfulness tiene sus inicios en un modo de meditar no asociado a unos valores religiosos, explica Martín, que apunta que ya se está aplicando en algunas empresas, en donde ya se ha comprobado que “reduce el estrés”. “En Madrid ya es habitual que algunas empresas incorporen en su sede una sala para que sus trabajadores bajen a meditar cuando quieran. Repsol es una de ellas”, explica el instructor.

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“Muchas empresas lo van incorporando, tanto los espacios como consultores para gestionar determinados conflictos”, añade. Asimismo, Martín explica que en apenas ocho semanas ya se notan los resultados, “incluido físicamente en el cerebro, y comprobados en resonancias”.

Mindfulness es un estado de atención, pero si quisiéramos mantener la atención dos minutos, no pasarían diez segundos, sin que nos distrajera un pensamiento”, explica el consultor de esta terapia, que agrega: “Por eso, la práctica formal de la meditación no es otra cosa que un gimnasio para la mente. No es dejar la mente en blanco, es distraernos y cabrearnos por no estar concentrados, pero darnos cuenta de que cada vez que mi mente se distrae, yo  me doy cuenta y regreso a poner mi atención en el foco que tengo, que puede ser la respiración; por lo tanto puedo alegrarme de cada paso”.

En este sentido, el docente recomienda que se mediten unos veinte o treinta minutos al día, pero que además se tenga muy en cuenta lo que se conoce como “práctica informal”, que es “darse cuenta de los pequeños detalles, desde la sensación de partir una cebolla a la de notar el agua caliente corriendo por la piel”.

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#Calidad de vida