En su mejor época vendía cinco millones de ejemplares sólo en Estados Unidos, pero actualmente, con #Internet y las descargas gratuitas que afectan  a toda publicación, llega a los 800.000. Fue de las publicaciones que ayudaron más a la liberación sexual, siempre según su propietario y eterno director desde 1953, Hugh Hefner, casi nonagenario, que ahora apenas puede moverse por los achaques de su edad y los excesos cometidos.

Playboy, si a alguien se le pregunta con qué palabra la definiría, sería “desnudos”, y luego añadiría “de mujer”. Algo que siempre ha traído polémica, pues las feministas denuncian siempre que los contenidos de la revista ha reducido a objetos sexuales a las mujeres en general.

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Casi todo el mundo está de acuerdo en esto, salvo las actrices o modelos que han posado para la revista, de casi todos los países del planeta.

Hace una semana, The New York Times contaba que habría tomado la decisión su dueño de prescindir de la marca de la casa: los reportajes y las fotos con desnudos femeninos. Aunque buena parte de la revista es también reportajes de investigación, artículos y entrevistas, aparte relatos y películas, los desnudos eran su mejor garantía de ventas. Vamos, algo como en España con Interviu, que ahora ya sólo tiene los desnudos como algo secundario, limitándose a un reportaje semanal.

Scott Flanders, uno de los patrones de Playboy, cuenta al prestigioso diario neoyorkino: “Ésta batalla [de los desnudos] está conducida y ganada. Hoy en día, todo el mundo tiene a su alcance, con un clic, cualquier acto sexual imaginable gratuitamente. Todo esto está superado”.

Quieren, entonces, llegar a un público más amplio hoy en día que con una publicación para adultos, y por eso han decidido no publicar más desnudos.

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Mientras, la revista ya arrastraba pérdidas de 2 millones y medio de euros sólo el último año. No es la única revista erótica con problemas económicos: Penthouse, pese a contar con actrices porno en sus reportajes muchas veces y desnudos cada vez más explícitos, tampoco está muy boyante. Todo lo que ofrece se puede encontrar gratis en la Red, y más excitante.

Además, al aparecer las redes sociales, Playboy las quiso aprovechar, pero Facebook aplica censura estricta sobre fotos de desnudos (incluso en cómics o dibujos), y ello le causa problemas.

Tiene ediciones en varios países, cada una con reportajes o artículos traducidos al idioma local, o incorporando “estrellas” locales de ese tipo de reportajes. Incluso tiene un canal de televisión, el Canal Playboy, que se puede ver en varios países en plataformas de pago y doblada a cada lengua de un país.

Cuando en España empezó a emitir Telecinco, en 1990, uno de sus platos fuertes durante sus primeros años fue la emisión semanal de varias emisiones de ese canal, condensadas en un programa de una hora de duración.

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Entonces era algo espectacular, pero hoy en día, con contenidos para adultos explícitos gratis en Internet, esto queda para la gente hoy en día como pacato e inofensivo.

No obstante, aún se puede encontrar la influencia de Playboy en muchos productos de “merchandising”, como toda clase de productos de tocador y de baño con el popular logo del conejo de orejas largas. Hefner popularizó la “Mansión Playboy”, donde vienen muchas chicas. Woody Allen, en “Annie Hall”, la aludía por un personaje, que decía: “Las chicas que pasan por allí son como las de su revista, sólo que mueven los brazos y las piernas”.