En ocasiones ante comentarios de familias que han adoptado un niño/a, se escucha la opinión: “son #Niños muy movidos”, “que no paran quietos”, “que no pueden concentran”, y ante esas opiniones, yo como profesional pienso: es normal que sea así.

A menudo no recordamos que están en un gran proceso de cambio, de adaptación, que no es un pequeño cambio en su vida… es que cambia su vida entera!!!

Los solicitantes, personas solas o parejas que adoptan un niño saben que será su hijo, es muy esperado y deseado, desean ser sus padres y desean formar una familia, pero los niños no lo saben. Habitualmente nadie les explica nada, sólo saben que se van de la Casa cuna u orfanato, que es lo único que conocían, con adultos desconocidos, no se les explica dónde irán, quienes son estas personas, cuánto tiempo estarán y en ocasiones van a un país donde la lengua es diferente.

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Hay lógicamente un cambio en su rutina, en sus horarios, lo que conocía ya no está.

La alimentación también suele cambiar mucho ya que la mayoría de los niños que están institucionalizados tiene una dieta monótona, pobre en proteínas y frutas.

La higiene diaria también cambia, a veces las familias me explican el miedo que tienen en el primer baño, no están acostumbrados, simplemente porque en algunos orfanatos lo hacen de manera diferente y este desconocimiento hace que ese acto tan sencillo, y que la mayoría de niños disfruta, para ellos sea algo que les provoque miedo.

El sueño también cambia, en la institución duermen con otros niños, esto cambia, y se duerme de repente en un lugar desconocido y solo. De manera que no es raro que presenten problemas para conciliar el sueño o que necesiten la compañía de los padres que los tranquilice.

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Es habitual que se despierten llorando o con pesadillas.

Vinculación afectiva

Y el aspecto más importante, el afecto. Las relaciones que tenía, buenas o no, eran lo queconocía, su referencia, de repente estos lazos cambian totalmente, tiene que aprender a sentirse contenido, tranquilo, a ser querido y aprender a querer, es un todo aprendizaje que lleva su tiempo.

Sentirse hijo, es un proceso, lleva tiempo. Deberá sentirse estimado, valorado, querido, sentir que existe un vínculo, unos padres, una familia … pero esto no se consigue en un día o una semana, requiere tiempo. Y por parte de los padres, tiempo, paciencia y empatía.

Inevitablemente pasan un duelo por todo lo que conocían y comienzan una vida nueva, con una familia. Es un cambio radical y se esperan muchas cosas de él. Todo esto genera incertidumbre y por tanto ansiedad.

Reflexión:

¿No nos pasaría a nosotros, adultos y con recursos, lo mismo? ¿Por qué nos cuesta entenderlos?

Han sufrido en su primera infancia un doloroso abandono.

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¿Por qué pretendemos que, como si nada hubiera ocurrido, este niño se comporte como cualquier otro niño? Que comience pronto la escuela y en poco tiempo haga lo que los otros niños han venido haciendo desdehace años, sin haber pasado por una experiencia tan dura como es tener que elaborar el duelo, primero por el abandono de sus padres biológicos y luego el duelo por todo lo que conocía.

Pensemos, reflexionemos, pongámonos en su lugar y podremos comprender su inquietud y su ansiedad. #Sociedad Barcelona