Ayer se cumplió un aniversario, del cual el año que viene será el 225, de una Declaración que fue redactada después de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, y a las que debemos que tengamos derechos en Occidente. La segunda fue más allá: supo mostrar que la mitad de la población también tenía los mismos derechos que la que tiene más miembros mandando.

Se la conoce como la Declaración de los Derechos de la #Mujer y la Ciudadana (se llamaba así a los habitantes de la Francia bajo la Revolución), y después de redactada, fue enviada a la Reina María Antonieta, antes de que ella y su marido fueran condenados a muerte.

Anuncios
Anuncios

Consistía en 17 artículos con un Preámbulo y un “postámbulo”.

Uno de ellos, el artículo 11, partía de la situación personal de Olympe, hija de alguien que no era su padre, o hija ilegítima o bastarda, como se decía entonces, y además no reconocida por su padre biológico. “La libre comunicación de pensamientos y opiniones es uno de los más preciosos derechos de la mujer, ya que ésta libertad asegura la legitimidad de los padres hacía sus hijos. Toda ciudadana, pues, puede decir libremente: yo soy madre de un niño que os pertenece, sin que ningún bárbaro prejuicio la fuerce a disimular la verdad; salvo responder del abuso de ésta libertad en casos determinados por la Ley”.

Ella misma fue forzada a casarse con sólo 17 años y tuvo un hijo. Pronto se quedó viuda y se fue a Paris, dedicándose a la Literatura. Se negó a llevar el apellido del marido.

Anuncios

Sus escritos eran incisivos contra todo lo que consideraba injusto. Defendió la libertad, incluida la sexual; fue contra la pena de muerte. Durante la Revolución, ella se opuso a Robespierre y firmó un escrito contra él, donde le decía “¡Tú te llamas el único autor de la Revolución, Robespierre! Ni lo eres ni lo mereces, no serás más que el oprobio y lo execrable”. Luego escribió otro en donde pedía que hubiera en Francia un referéndum para elegir la forma de Gobierno.

La propia Revolución la juzgó y condenó a muerte, considerándola peligrosa y que “había olvidado las virtudes propias de su sexo”. Fue guillotinada el 3 de noviembre de 1793. En el cadalso, se dirigió a la multitud con sus famosas palabras: “¡Hijos de la Patria, vengaréis mi muerte!” Tenía 45 años.

En 1944, el general Charles De Gaulle decidió hacer realidad el sueño de Olympe y consagrar por fin el sufragio universal en Francia tanto para hombres como para mujeres. Las feministas le tuvieron un tiempo olvidada, pero hoy es, con toda justicia, uno de sus iconos, una de las mujeres pioneras en la lucha por la igualdad de sexos, algo que ella defendía cuando las mujeres de su tiempo sólo podían ser madres, cuidar de los hijos y hacer cola ante las panaderías, entonces escasas de pan.

Anuncios

También entra siempre entre las candidatas a entrar en el Panteón de Hombres Ilustres de Francia, donde se entierran a grandes personalidades de la Historia del país, como el escritor Victor Hugo (“Los miserables”). Aún hay pocas mujeres enterradas allí, como Marie Curie y alguna otra.

La dibujante francesa Catel Muller, con guión de Jose-Louis Bouquet, llevó al cómic la vida de Olympe, igual que hizo años atrás con dos grandes artistas francesas, Edith Piaf y Kiki de Montparnasse. En todos ellos plasma a mujeres valientes y decididas. #Unión Europea #Historia antigua