Todos nos solidarizamos con “Charlie Hebdo” cuando hace nueve meses el asesinato a sangre fría de una decena de personas en la redacción de la revista por yihadistas conmovió al mundo. Todos llevamos sin pedir nada a cambio la frase “Je suis Charlie” en nuestras camisetas, como avatar o salvapantallas…

Estos días, la revista ha causado más críticas que halagos con su visión de algo desgraciadamente muy de actualidad: la tragedia de los refugiados sirios que mueren en el mar antes de llegar a una Europa que creen mejor que el país arrasado por la guerra en donde vivían.

Lo que más ha irritado a cierta gente son tres caricaturas: una en donde se ve al niño Aylan ahogado en una playa, con el letrero “Tan cerca de la meta” y un cartel de McDonald’s que ofrece “¡Promoción! Dos menús infantiles por el precio de uno”.

Ello ha sido calificado de falta de respeto.

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Pero los que conocemos los métodos de la revista, no es ninguna falta de respeto a Aylan y las víctimas, sino lo que le esperaba a él y a cualquier niño que sí tuviera la suerte de sobrevivir en Occidente, aparte de encontrar trabajos infames: poder comer con descuentos en establecimientos de comida rápida, ya que los buenos restaurantes quedarán lejos de lo que su familia gane al mes.

El otro dibujo es sobre Jesucristo y los musulmanes: él, como en la famosa escena del Evangelio, camina sobre las aguas, y el dibujo dice: “La prueba de que Europa es cristiana: los cristianos caminan sobre las aguas; los niños musulmanes se ahogan”. Es para satirizar esa obsesión de ciertos dirigentes europeos por las raíces cristianas europeas, nada más. Y Charlie lo ha satirizado repetidamente.

La más fuerte caricatura es donde vuelve a verse ahogado a Aylan y el letrero “C’est la rentrée!” (¡La vuelta al colegio!).

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Éste es el más desafortunado de los tres, ya que los anteriores partían de premisas sociales y religiosas comprensibles, pero este otro necesita de varias lecturas a las cuales el lector medio, sobre todo de un país que no tiene el sentido del humor tan abierto como el de Francia, no comprende.

Y esto ha vuelto a pasar en EE.UU., donde muchos escritores rechazaron que se le diera a la revista un premio importante por la #Libertad de expresión, ya que consideraban a Charlie como “racista”, “islamófoba” e incluso “sexista”. Ahora vuelven a protestar de la misma manera.

Pero la revista ha demostrado que por encima de todo denuncia el racismo a los refugiados, con su portada: un hombre rudo y que bebe cerveza acoge a un pobre refugiado en su casa, pero lo utiliza como respaldo donde colocar sus pies, diciendo: “¡Está usted en su casa!”

Y la definitiva: satirizan al racista Le Pen padre viendo a Aylan y los letreros: “¡Siempre más racista que nadie!” y “Le Pen lanza su nuevo partido”, señalando la ropa del niño, que combina los colores de la bandera francesa, para denominar su nueva formación. Algo muy digno del personaje, por supuesto. #Inmigración #Siria